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lunes, 25 de febrero de 2013

Se nos pasa el tiempo...


Por: @perenguena

A pesar de que es muy claro que nuestros chiquis se crecen en un abrir y cerrar de ojos, es así que noto que del bebecito que entro a párvulos hace un par de años queda poco...
Verlo crecer día a día me hace sentir afortunada!

jueves, 30 de agosto de 2012

Confesiones de una mamá llorona


Por: @perenguena

Alguna vez @tangersoto me regañó por un comentario que hice respecto a lo maluco que era llorar en el trabajo, ella fue muy específica en que había que quitarse de la cabeza eso de que llorar era para débiles.
No sé por qué sus comentarios fueron lo primero que se me vino a la cabeza ese viernes que Pipe me llamó al trabajo. Él no disfruta mucho hablando por teléfono, siempre soy la que lo llamo, me saluda y se despide casi al mismo tiempo. Sin embargo ese día fue él quien pidió llamarme.
Me contaron que llegó llorando, se encerró en el cuarto sin dar explicación alguna y dijo que solo quería hablar conmigo. Cuando hablé con él, me contó que su profesora Julie se iba del jardín, me dijo casi ahogado por el llanto que la “amaba demasiado” y que ella se iba a ir lejos de él y no la iba a ver “nunca más”.
Y lloramos, él en la casa en medio de mimos y la preocupación colectiva de mis abuelos, y yo en mi oficina, en medio de los cuchicheos de quienes me vieron por primera vez llorar a moco tendido.   
Por primera vez sentí que vendrían miles de cosas que habrían de romperle el corazoncito, lloré por la impotencia que me producía sentirlo en ese estado sin poder hacer nada, lloré al darme cuenta de que no iba a poder protegerlo de los malos ratos y que no podría estar ahí para darle un abrazo en el momento preciso en que lo necesitara, me dolió pensar que era su primera perdida y me aterrorizó el pensar que de aquí a mañana tendría que consolarlo cuando tuviese una perdida más grande, cuando muriera alguno de los que tanto amamos.
Lloré por todo eso o simplemente lloré de oírlo llorar, de decir “mami” repetidamente entre lágrimas, lloré todas las cosas que me había tragado durante estos años juntos y de todos los temores que me produce la maternidad y que acallo con otras ocupaciones.

Es muy importante no minimizar las emociones de nuestros niños, por ejemplo, un día cualquiera a Pedrito se le murió su mascota, va a donde su mamá/papá  llorando y este le responde  “no llores, es solo un animalito”. Probablemente para muchas personas sería una pérdida menor,  sin embargo para el niño tiene un gran impacto, así que la función de papá/mamá es estimular al niño para que exprese cómo se siente, ayudarlo a reconocer que no está mal sentirse así y finalmente consolarlo.
Así que en medio de moqueos de mamá llorona, la única instrucción que pude darle a mis abuelos fue que lo abrazaran calladitos y que lo dejaran llorar su perdida.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Empezando por el principio

Por: @perenguena


Hace 11 días, me enviaron por DM la invitación a este blog. Tan pronto la vi, me enamoré de la idea. Sin embargo desde ese momento empecé a escribir mi presentación, con tan mala suerte que no lograba describir con palabras lo que para mi significó Pipe.


Pipe ha traído a mi vida una serie de sentimientos contradictorios. No todo ha sido color de rosa. Me llegó la noticia que iba a ser mamá como un balde de agua fría, cuando tenía 17 años. Las opciones para “salir del embrollo” que me ofrecieron mis “amigas” no se hicieron esperar, sin embargo, desde muy pequeña mi papá (Q.E.P.D) me enseñó  que todos los actos tienen consecuencias, y que era mi obligación asumirlas.

Así que a pesar de que nadie daba un peso por mí, decidí que iba a ser mamá, y que contra toda expectativa, cumpliría mi proyecto de vida a cabalidad.

En la universidad, quienes me conocieron, sabían que yo era lo más parecido a un hongo, pero un hongo mal de la cabeza.
Me veían sentada en algún escalón del K, leyéndole a Pipe (con 5 meses de gestación) las características del arte barroco o ensayando con él algún guion de un primitivo programa de radio.


Y de parcial en parcial, hace 3 años, 2 meses y 25 días, nació Andrés Felipe, un niño que le dio sentido a mi vida.
El amor de mi vida

Lo maravilloso de Pipe es que es una personita completamente impresionante, con su corta edad, es todo un placer hablar con él, escucharlo argumentar, ver la expresión de su carita y el movimiento de sus manos cuando te explica que los rayos son “la nubes que se chocan”.

A veces me duele no estar el tiempo suficiente para disfrutarlo, sin embargo, cada noche en la que llego y se me cuelga al cuello a contarme sus choco-aventuras en el colegio, hace que todo valga la pena.

Con el cuasi-marido (su papá), hemos luchado hombro a hombro para darle lo mejor, y con conocimiento de causa puedo decir que lo estamos logrando.

Alguien me dijo una vez “Cómo es que usted tan joven terminó con un hijo”; lo único que puedo decirle es que terminar no es el verbo, yo hasta ahora estoy empezando.