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miércoles, 15 de abril de 2015

10 ventajas y desventajas de ser una madre que puede quedarse en casa

 He trabajado casi toda mi vida, pero esta vez quise hacer las cosas diferente. Estaba sorprendida. Recién me había mudado a Estados Unidos desde India y estaba hablando con un apoderado en el nuevo jardín infantil de mi hijo. Viendo el signo de interrogación en mi cara, la hermosa señora cubana con grande aretes en sus orejas me explicaba, “mi madre tuvo que trabajar para mantenernos a todos… yo soy afortunada que mi esposo gana suficiente dinero y que puedo dedicarme a ser ama de casa”.

Esta fue la primera vez en verdaderamente largo tiempo que oí alguien genuinamente feliz de ser ama de casa… ¡Ella lo hacia por su propia elección y deleitándose de ello…!

En India a menudo conocí amas de casa a las cuales sus esposos/familia política no les permitían trabajar o estaban en casa por beneficiar a sus hijos pequeños… de hecho, incluso conocí a una profesora de 50+ años de edad en una renombrada escuela en Mumbai (India) que dijo que se arrepentía de haber sido una madre que se quedaba en casa por sus hijos… ella sentía que sus hijos habrían crecido bastante bien incluso si ella hubiera sido una madre que trabajara fuera de casa y que fácilmente ya se habría convertido en directora.
Lo que la señora cubana dijo fue como una brisa de aire fresco… entonces se me ocurrió ¡¡que habían madres que optaban por ser amas de casa por SU PROPIO beneficio también!! No por sus hijos, no por sus esposos, no por sus suegros, ¡no por nadie más que por ellas mismas! Ellas sinceramente querían disfrutar la infancia de sus hijos… Y ahí es cuando comienzas a disfrutar ser ama de casa… de otra forma siempre estás preguntándote si deberías estar trabajando o no…


Entonces, pensé, déjenme darle una oportunidad a esta forma de vida también. He sido ama de casa durante el primer año de mi hijo en India, posteriormente a haber comenzado un trabajo de medio tiempo durante un año, y luego trabajo full time también en India durante 2 años. Ahora mi hijo tenía cuatro años y yo estaba en un nuevo país. Así que a pesar de tener todos los documentos legales para trabajar en los Estados Unidos, decidí quedarme en casa y experimentar ser ama de casa por elección mía.Así es como funcionó:

1. ¡Comencé a ser INDEPENDIENTE!
Sí, leíste correctamente… era más dependiente como madre que trabaja. Dependía de mi criada, dependía de mis suegros, dependía de mis padres, dependía de cualquiera y todo el que pudiera encontrar para cuidar a mi hijo mientras tenía cosas “más importantes” en el trabajo… ¡ahora me siento “INDEPENDIENTE” y “LIBRE”!

2. Las mañanas se me hicieron mucho más fáciles… porque no estaba apurada por llegar a ningún lugar. A menudo pasaba los primeros minutos leyéndole un libro a mi hijo, le encantan los libros. ¡Es increíble cómo pasar quince minutos con tus hijos en cama en las mañanas puede cambiar la manera en que el día se desenvuelve!

3. ¡Las horas de comida se hicieron relajadas y deliciosas!
Estaba tan acostumbrada a comer malas comidas, cocinadas por el microondas de mi oficina en India, que no podía creer que una simple comida fresca cocinada por mi misma pudiera ser tan sabrosa y encantadora.

4. Exploré en la cocina
Estaba petrificada por cocinar en India… pero, mirando videos en youtube y explorando diferentes tipos de cocina para mi hijo me ha proporcionado una básica confianza en mis habilidades culinarias. De hecho me acompaña en la cocina cuando estoy cocinando algo nuevo.

5. El estrés de que la criada de repente desaparezca ya no existe en mi vida
Se siente como si un enorme albatros hubiera estado volando sobre mi cabeza. Hacer todo el trabajo yo misma tiene sus beneficios.

6.  Puedo dejar a mis hijos SER
A menudo limitaba a mi hijo en India, por que estaba preocupada de que pudiera enfermarse y que no pudiera ser capaz de asistir a la reunión del día siguiente. Así que no jugar en las pozas, no tomar bebidas muy heladas y muchas otras, son prohibiciones que ahora he levantado.

7. Todos los días veo a mi hijo de diez meses hacer algo nuevo y me maravillo ante la creación de Dios. 
Casi no observé a mi primer hijo durante los primeros tres años de su vida. Me arrepiento profundamente, pero trato de compensarlo ahora con mi segundo hijo.

8. Mi casa tiene un aura pacífica
Las cosas rotas son reparadas, la casa se limpia, hay ropas frescas para vestir, hay comida fresca. Básicamente, hay una persona para cuidar la casa, ¡lo cual es un trabajo GIGANTE en sí mismo!

9. Aumento de conciencia
Tenía un gran problema cuando estaba trabajando. Nunca podía desconectarme del trabajo, incluso después de irme de la oficina. Estaría jugando con mi hijo pero mi mente seguiría planificando el evento de la oficina. Estaba ahí para mi hijo, pero solo físicamente. Ahora puedo disfrutar de mis hijos con el 100% de mi presencia. 

10.  ¡Menos BERRINCHES TEMPERAMENTALES!
Sí… esto es lo que he llegado a darme cuenta. Todos los niños necesitan un tiempo puro de Mamá y Papá para sentirse felices y seguros. Eso significa sin teléfonos y sin televisión. Ahora puedo darle ese tiempo, puedo apreciar sus construcciones hechas de almohadas en tiempo real y no por el teléfono, puedo comer una comida con él en paz, puedo poner música y tener una sesión de baile espontánea, puedo disfrutar de sus pequeñas bromas mientras que veo a mi esposo incapaz de colgar el teléfono incluso cuando está en casa. ¿Así que saben qué hace mi hijo? Elige dormir más cerca de mi esposo (dormimos juntos). Es la forma en que mi hijo obtiene su tiempo de Papá.


Pero no todo es color de rosas, también hay cosas negativas de quedarse en casa (aunque a fin de cuentas siempre trato de verles el lado positivo)

1.  ¡Falta de apreciación!
Sí, nadie aprecia a la ama de casa, ya sea en India o en Estados Unidos, o en cualquier parte. Siempre será un trabajo desagradecido. Cuando era nueva en los Estados Unidos, a menudo invitaba a los colegas de mi esposo y a los apoderados de la escuela y cocinaba platos elaborados para ellos. La apreciación por mi comida y mi casa me mantenían haciéndolo. Sin embargo, ahora considero esto demasiado trabajo. De hecho, ahora ni siquiera busco apreciación. Sí me siento orgullosa cuando mi hijo le afirma la puerta del elevador a un conserje en India o cuando toma del suelo la basura de otra persona y la tira al basurero.

2. Extrañar a los colegas
Usualmente disfrutaba conversar con mis colegas lo cual sí extraño ahora. Pero sí, tengo mi grupo de amigas Mamás. Hacemos una rifa una vez al mes y nos toca comer increíble comida casera India. Además, sí, hablamos sobre los niños, pañales, lecciones de baño, escuelas, etc., y otros asuntos no tan relevantes como el PBI del país, ofertas en el mall, proyecciones hacia 5 años, power points, etc. Pero quién decide que lo último es mayor y más importante que lo anterior, cada uno con lo suyo.

3. Ningún trabajo futuro a la vista
El mundo está cambiando a un ritmo tan rápido que solía preocuparme sobre mi futuro cuando mis hijos crecieran y se ocuparan. Tendré que comenzar desde el principio, y eso me preocupaba hasta que pensé: ¿quién sabe lo que el futuro traerá? ¿quién sabe siquiera que estaré viva mañana? Quiero disfrutar mi presente completamente, e incluso si llego a vivir hasta entonces, y tengo que comenzar desde el principio un trabajo, ¿qué hay de malo con eso? ¿Acaso no es un pequeño precio a pagar por pasar horas invaluables con tus propios hijos?

4. Baja autoestima
Sí, cuando ves a las madres súper seguras de si mismas trabajando, vistiendo tenidas formales y tacones altos sí te sientes inadecuada. Sin embargo, cuando comienzas a hablar con ellas y escuchas sus problemas vuelves a sentirte afortunada. La mayoría de las madres trabajadoras que conozco en Estados Unidos están luchando con su trabajo e hijos. Viajar largas horas hasta la oficina, los niños se enferman durante el jardín infantil, no pueden juntarse conmigo los fines de semana pues necesitan finalizar tareas de la casa. Me siento afortunada por que era una de ellas y ahora salí de ahí. Tengo tiempo para buscar mis hobbies lo cual me mantiene equilibrada, hago yoga, llevo a mis hijos al parque y simplemente me relajo en el pasto mientras mis hijos juegan. 

5. Falta de independencia financiera
He completado mi programa de pos graduación en Comunicaciones en MICA (uno de los institutos renombrados en India) y dirigí el negocio de mi familia exitosamente durante 7 años. Sí, extraño mi propio dinero. Solía gastar con libertad en centros comerciales de alto perfil, no hay lugar a dudas. Me he puesto más cuidadosa ahora por que siempre siento que es el dinero ganado con el gran esfuerzo de mi esposo. ¡No se si es algo bueno o malo!

Este artículo fue originalmente escrito por la creadora del blog Enjoying Your Kids

jueves, 19 de marzo de 2015

Las renuncias de las madres

Imagina que eres una profesional altamente calificada. Imagina que tienes un trabajo que te apasiona. Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que soñabas. Imagina que sientes que eres respetada y valorada.

Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres. ¿Lo imaginas? Ahora imagina que te conviertes en madre. Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera porque puedes permitirte pagar la mejor persona del mundo para que cuide a tu bebé mientras tú no estás.


Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie. Imagina que estás en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.

Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que tú libremente escoges.

Imagina que pasan los días y las semanas y los meses, quizás los años y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que estás invirtiendo en algo que nadie más puede darles, feliz porque tu cabeza acostumbrada a analizarlo todo fría y objetivamente te dice que tú eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.

Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible porque tu parte emocional no se contenta con saber “los beneficios de criar a los hijos”.

Imagina que llevas años sin dormir seguido, sin mantener una conversación adulta sin interrupciones de “teta”, “pis”, “cógeme”, “no quiero”, “quiero”….

Imagina que ahora tu economía no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema público. Imagina que te das cuenta que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto. Imagina que te gustaría que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un : “yo me paso el día trabajando para que tú puedas quedarte en casa a jugar a las muñecas”.

Imagina que te critican por anti feminista, por “floja”, por “señorona”, por “hippie”, por fundamentalista…. Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madres no está bien visto en ningún sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la política, ni en la sociedad, ni en tu familia… ¿Lo imaginas?

Ahora imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo. Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.

Imagina que al oír la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el super, y que lo más parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida rápida con los niños.

Imagina que sueñas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonomía, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu “voz” que se ha diluido entre los llantos y demandas de los pequeños.

Imagina que lo piensas y decides que todavía no es el momento, que tus hijos son pequeños aún. ¿Puedes imaginar los sentimientos encontrados ? ¿Puedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera? Culpa por desear decir que sí a esa oferta Culpa por sentirse triste al decir que no Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra y lo has pagado pegando 4 gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres. Culpa porque al fin y al cabo es lo único que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo, y por todos.

Llevamos la carga más pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera. En época de campañas electorales nos frustra ver cómo nadie está interesado en nuestra situación. Hartas de ver que la única opción que se nos plantea es tener guarderías desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.

Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS. Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos. Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja,o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo. Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.

La próxima vez que te encuentres con una madre por favor no la critiques. No le digas lo que tiene que hacer o cómo. No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna, invítala igual. No caigas en obviedades y frases hechas. Sencillamente, dile: “Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro”

PD: Dedicado a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS



lunes, 20 de enero de 2014

Con complejo de súper heroína

Por: @morganadeleon


Pasando la mitad de los veinte, uno se empieza a dar cuenta que muchas personas cercanas y no tanto, se convierten en padres. Las madres, sobre todo, quieren documentar cada sonrisa, suspiro y demás de su nuevo hijo. Con las redes sociales, hubo una explosión que las ha sobrecargado de imágenes, frases y mil cosas más sobre lo difícil y gratificante que resulta ser mamá. Algo que para muchos puede resultar tonto, exagerado o que estamos ostentando de un gran complejo de súper heroína.

He leído cosas como que las abuelas de antes tenían más de diez hijos y no hacían tanta bulla, también leo los múltiples comentarios de muchos que se quejan de esos ‘mocosos’ chillones y pataletudos en el transporte público.
Regresemos unas cuantas décadas en la historia y analicemos las cosas. Hace 70-50 años, las mujeres eran madres y esposas dedicadas. Su única función era mantener la casa arreglada, cuidar a los hijos y mantener felices a sus no muy condescendientes maridos; (pilas, cuando digo únicas, no quiero decir que sean labores fáciles, son bien complejas y bastante desagradecidas).
La mujer no era más que eso, eran muy pocas las que trabajaban y se mantenían solas, algo muy común hoy día. La tendencia era tener familias numerosas, ‘regar la sangre’, no importaba si la esposa quería o no. Los métodos anticonceptivos no eran muy conocidos, eran de difícil acceso y, además, eran vistas como malas mujeres por su uso (todavía, para algunas sectas religiosas es así). Se casaban jóvenes, incluso, siendo niñas aún. Eran educadas para ser esposas y madres ejemplares, no en vano, en los colegios para señoritas, se veían clases de cocina, repostería, costura, tejido y otras artes del hogar. Era difícil que proyectaran su vida sin un hombre al lado.
Mi generación fue educada de manera diferente. A nosotras nos enseñaron a ser autosuficientes. Tenemos clarísimo que no necesitamos a un hombre al lado para hacer nuestra vida perfectamente. Es más, muchas prefieren no tenerlo, ya que lo ven como un obstáculo para alcanzar sus metas y cumplir sus sueños. Tener hijos es cuestión de elección, no de obligación. Nos da pánico el matrimonio. Muchas, como yo, fuimos madres antes de los 30, pero tenemos clarísimo que no está mal si se tiene después. Sobre nuestra espalda recayó el peso de ser mujeres exitosas y brillantes profesionales, algo de lo cual me siento muy feliz y orgullosa, pues no me cuadra mi vida encerrada en la casa, haciendo oficio y haciendo las cosas que las abuelitas hacían a mi edad.
Sabemos que la vida social es necesaria. Nos gusta salir de rumba con los amigos, emborracharnos, sí, emborracharnos. Esperamos con ansías locas los conciertos o partidos de fútbol. Queremos viajar, estudiar, aprender, conocer. No podemos con la idea de ser sumisas y agachar la cabeza. Tenemos claro que podemos hacer dos o más cosas a la vez. Somos la generación de las súper mujeres, esas a las que no les da miedo nada y no se les ‘arruga’ nada para alcanzar lo que se proponen.
Y es por eso mismo que hacemos todo un show cuando somos madres. Como en nuestra cabeza no se adaptó el chip de la mamá ama de casa, queremos seguir con todas nuestras actividades recurrentes cuando llega el bebé a la vida, algunos por accidente, otros planeados.
No crean que es fácil de pasar de un régimen de salidas nocturnas desde el miércoles, a una vida de la ‘tranquilidad’ de la casa. Y con tranquilidad me refiero a no salir y escuchar música a todo volumen, sino ver dibujos animados a todo volumen cuando uno quiere ver una serie de zombies y estar absolutamente quieto.

La parte más difícil, tal vez, es el trabajo, combinar el éxito profesional, con el éxito maternal y peor aún, con el éxito de la vida en pareja (si se tiene). Como comunicadora, debo estar dispuesta a trabajar en horarios no muy horarios. Cuando un bebé llega a la vida de una mujer que se proyecta lejos en su vida profesional, las cosas y proyectos pueden cambiar un poco. No he sido contratada por ser mamá. Mil veces he tenido que escoger entre el trabajo y Juan Martín, ¿Adivinen quién ha ganado la batalla las mil veces? Dejar de ser egoísta es muy difícil cuando antes sólo te preocupabas por gastar tu salario en tus caprichos y tu tiempo lo invertías en cada una de las ‘loqueras’ que se te cruzaban por la cabeza.
Está uno en el trabajo, relativamente tranquilo, dándole átomos, cuando suena el celular y, ¡¡¡tarán!!!, es una llamada del jardín. Sepan que una mamá es alarmista en todos y cada uno de los casos posibles. Con el corazón a mil, uno contesta y le dicen algo como – Mamita, Juan Martín ha vomitado dos veces y tiene mucha fiebre, es mejor que lo venga a recoger. Jardín – Trabajo de la mamá, cada uno en un extremo de la ciudad. Pasar por la oficina de jefe a pedir permiso, que lo miren con cara de revolver y diga algo como – Puede ir pero déjeme listo lo que le pedí (sabiendo que es una actividad que no se realiza en 20 minutos). ¿Ustedes qué harían si los llaman y les dicen que uno de sus padres está grave en la clínica, queridos amigos no padres? Pues lo que yo hago cuando me dicen que Martín está enfermo, tiro todo al carajo viejo y salgo corriendo como loca a ver qué pasó.
Díganme si no es delicioso llegar a la casa, que la mamá le tenga la comidita caliente después del trabajo, sacar al perro o acariciar al gato y dedicarse a nada mientras se duermen, porque claro, fue un día pesado en la oficina y hay que reponer energías. Resulta que cuando uno es mamá no puede hacer eso. Llega uno cansado de la oficina, estresado por cuenta de las dos horas que perdió en el trancón a revisar las tareas, hacer la comida, alistar las cosas del día siguiente, hacer que niños pequeños se cepillen los dientes, se laven las manos y se acuesten a dormir temprano para que el día siguiente no sea todo un caos. A eso súmenle el tiempo en pareja y el asuntico que quedó pendiente del informe que debe entregar en dos días. Resulta uno siendo el último en acostarse y el primero en estar de pie en la mañana.
De otra parte están los amigos y esas actividades que antes resultaban sagradas. Es una suerte si uno puede tomarse más de dos cervezas y eso de ir al gimnasio, estadio o spa, de verdad que es un lujo. Nos convertimos, sin querer, en las amigas ingratas que siempre sacan el cuerpo y todo el tiempo están cansados o con afán de llegar a la casa a ver qué pasó con sus retoños.
Y es que con las mil cosas, maromas y peripecias que debemos hacer para quedar bien en todo lado, pues claro que uno se come el cuento y, completico, de la súper heroína.

¿Cómo creen que logramos escaparnos, tomarnos unos tragos y hasta emborracharnos y, al día siguiente estar regías jugando con los niños? O mejor aún ¿Ustedes creen que no nos fastidian y no nos dan ganas de taparle el pico a nuestros hijos cuando hacen berrinche en un lugar público? Pues obvio, queremos que nos trague la tierra y, hay que ser sumamente valientes para poder aguantarlos, lidiarlos, calmarlos y además, soportar sus miradas acusadoras, acompañadas de sus comentarios. Les apuesto lo que quieran a que ustedes, queridos lectores no padres, no tienen el oído tan desarrollado como para escuchar a través de las paredes, incluso de un piso a otro, la tos de un niño; la vista tan aguda, acompañada de un GPS ultra genial, para encontrar partes pequeñitas de juguetes; estoy segura que eso de la telepatía y la adivinación no se les da, por eso sólo las mamás llegan en el momento justo de la pilatuna, saben perfectamente quién nos conviene y quién no; su tacto no es tan sensible como para saber si un tetero o la tina del baño están a la temperatura ideal y no causar quemaduras y, tampoco es tan cálido, como para curar heridas y dolores terribles con una simple caricia.
Yo tengo complejo de súper heroína. Soy la mamá que Martín necesita, soy la pareja que quiere a su compañero, soy una profesional exitosa que cada se esfuerza por demostrar que ser mamá no es ningún inconveniente, ni una suerte de discapacidad para ejercer, soy una amiga que quiere a sus amigos y hace los mayores esfuerzos por dedicarles tiempo, así sea en el chat, cuando la necesitan, soy ama de casa (porque no tengo para pagar empleada que me haga el oficio) y cada día doy la batalla para que mi casa esté linda y habitable.
No desconozco el valor de esas matronas que tenían de cinco hijos en adelante, las admiro y respeto muchísimo, pues la verdad sea dicha, yo no podría con otro niño en mi vida, fueron las súper heroínas que en su época les permitieron ser. Madres dedicadas y esposas abnegadas, ellas llegaron hasta donde pudieron y nos abrieron las puertas para que hoy seamos las mujeres que queremos ser y como queremos ser. Gracias.

Por eso, invito a las personas que no tienen hijos a que, por sólo un momento, entiendan cuán difícil puede ser la posición de muchas de nosotras, por qué la Mujer Maravilla nos quedó en pañales y a ser un poco más tolerantes con las situaciones que resulten incómodas y tengan niños pequeños de por medio.

viernes, 23 de agosto de 2013

No tan multitasking


Debo iniciar éste post haciendo una confesión desde lo más profundo de mi alma, y es que yo no soy una mamá multitask, o al menos no siento que lo sea, y es así porque simplemente mis ídolas maternas, muchas de las cuales comparten blog conmigo, hacen de todo, pero yo no, yo le cocino muy pocas veces a Pellusa, de ella se encarga más que todo mi madre, hacemos tareas, jugamos, pero de la lidia diaria de ella yo no me encargo, y me siento mal por eso, yo quisiera hacerle todo, pero no puedo.
Esto no siempre fue así, como les he dicho muchas veces, yo pasé la mayor parte de mi embarazo incapacitada, cuando se acababa la licencia de maternidad, llamé a quien era mi jefe a nivel nacional, y me dejó claro que mi futuro en la empresa era incierto, y no por ella porque ella es muy buena gente, por las directivas de la sucursal en la que yo trabajaba, afortunadamente, y gracias a uno de esos ángeles amigos de los que estoy rodeada, me llamaron a trabajar en interventoría, por un salario básico similar al que tenía en la Guajira (eso sí sin soportes extralegales), pero trabajaba tres días a la semana, mientras estuve allí pude encargarme de mi niña y verla crecer y lo más importante amamantarla exclusivamente 5 meses y medio, esa oportunidad fue genial y debo decir que mi gratitud será eterna con mis jefes en ese proyecto, porque contratar a una mujer q aún está en licencia de maternidad es algo rarísimo en nuestro bastante machista país, allí trabaje 10 meses, así que me gocé muchísimo el primer año de mi Pellusa, pude estar presente en momentos especiales como su primera palabra, su primer gateo, su primera palabra que fue mamá, entre otros.

Pasados los 10 meses, apareció una nueva oferta laboral, que duplicaría mis ingresos, pero en la que debía trabajar todos los días incluso los sábados, y allí fue que empecé a dejar de hacer casi todas las cosas de mi Pellusa, es más al principio del proyecto en el que me tocó hacer todo el montaje documental, ya ni siquiera podía dormirla, porque debía trabajar hasta altas horas de la noche, porque en el campamento aún no teníamos luz, fue terrible, me tocaba darle el pecho sentada frente al computador, y se siente horrible no poder dedicarle más tiempo a tu bebé. Ya cuando disminuyó el trabajo ella no quería dormirse conmigo, se tomaba la teta y se iba donde la abuela, yo me sentía fatal, lo otro es que el trabajo tenía una demanda física importante y llegaba a la casa molida, y mi cansancio chocaba con la energía de Pellusa y eso en muchas ocasiones me desesperaba y me hacia estallar, en muchas ocasiones desee no tener trabajo y poder estar con mi niña y que creen se me cumplió, el año pasado estuve 4 meses cesante, afortunadamente con la empresa para la que trabajo volvimos al proyecto y hasta me ascendieron.
Ahora ya no trabajamos los sábados y he aprendido a equilibrar el tiempo de Pellusa, no es fácil y siguen habiendo noches en las que toca trabajar, pero son muchísimas en las que nos dormimos juntas y abrazadas, y lo más genial de mi día suele ser cuando me espera en el balcón del apartamento con una sonrisota que ilumina el mundo, no hay momento más feliz que cuando abro la puerta y ella grita desde arriba: “Mami eres tú” y siento su emoción cuando yo le respondo “siiiii!!”.
Hice un cambio en el horario y ahora entramos más temprano y salimos más temprano, así que me da chance algunos días de hacerle comidita sencilla, porque para las artes culinarias soy más bien malita, ayudarla con las tareas que vinculan actividades artísticas, porque las otras las hace apenas llega, y debo confesar que es una delicia.

Yo creo que lo realmente importante es dedicarle tiempo de calidad a los hijos, que cada cosa que hagamos con ellos sea memorable y especial, así sea estar arrunchados en la cama viendo guerra de pastelillos (cupcake war), aprender que no hay logro profesional que se compare con la sonrisa de un hijo, que si bien como seres integrales también necesitamos un desarrollo individual, no podemos permitir que el trabajo absorba tanto de nosotros, cada dimensión debe tener su tiempo y su espacio y en lo posible tratar que se crucen lo menos posible, especialmente cuando muy pocas mamitas trabajadoras cuentan con la suerte de tener a su madre como nana y muchas menos la opción de trabajar desde casa con una buena remuneración.


jueves, 22 de agosto de 2013

Mamá trabaja en casa


Son varias las madres que como yo han decidido, al menos por un tiempo, trabajar desde casa. Reorganizaron sus vidas y se propusieron que si bien querían pasar la mayor parte de su día con sus hijos no dejarían de ser profesionales. Algunas cambiaron de carrera y otras -un ejemplo soy yo escribiendo de maternidad desde la sala de mi casa cuando Alana duerme– modificaron su oficio.
Y aunque la idea suena estupenda: tú trabajas mientras tu adorado tesoro juega tranquilito. La realidad es diferente: tú trabajas mientras tu adorado tesoro se acerca cada dos minutos y te dice, “mami, mami, mami”. ¿Cómo cumplir con los dos roles a la vez? No hay soluciones mágicas pero comparto lo que he aprendido en el año y medio que llevo haciéndolo.
1. Antes de tomar la decisión conversar con la familia. Trabajar por cuenta propia significa que el flujo de dinero varía. Por eso es importante sacar cuentas y saber a qué nos enfrentamos.
2. No todos los días son iguales. Hay unos más productivos que otros. Lo importante es aprovechar el tiempo que se tenga. Roma no se hizo en un día.
3. Distribuir las tareas de acuerdo al horario del bebé. Yo trato de responder correos y hacer llamadas telefónicas cortas mientras mi hija Alana, de 17 meses, juega, y dejo las entrevistas largas y la escritura para cuando duerme o me echan una mano.
4. Pedir ayuda. No siempre es una opción, pero si se puede recurrir a familiares, amigos cercanos o, si la economía lo permite, una niñera.
5. Entender que los ritmos de los niños son distintos. A medida que crecen se les puede enseñar que mamá está ocupada, pero mientras es pequeño hay que saber que su deseo de compañía es una necesidad, no un capricho.
6. Usar la creatividad. El secreto para que un niño permanezca solo por un rato es que esté distraído. Todo aquello que no atente contra su seguridad es válido: ver comiquitas, dejarlo sacar todos los zapatos del clóset, jugar con las ollas de la cocina, darle una caja de cartón o un par de revistas viejas para que las destruya.
7. Apoyarse en la tecnología. Las esperas -en el pediatra, en la cola del supermercado o en el parque mientras juega- son estupendas para adelantar lecturas o responder emails con la tableta o el celular.
8. Conversar con el niño y hacerlo partícipe. A Alana le encanta cuando la siento a mi lado, le doy un cuaderno y unos colores y le digo que ella también va a trabajar.
9. Aceptar la nueva realidad. Trabajar desde casa cuando hay un niño presente toma tiempo pero es una etapa. Como me dijo una amiga mamá que pronto debe reincorporarse a la oficina “el periodismo siempre va a estar ahí, disfruta a Alana mientras está pequeña”.
Tomado del blog @ErikaTipoWeb  

Voto por 'teletrabajar' y no por la experiencia como 'telemamá'

Por: @aidamar

Este post lo hago motivada por 'El Oficio de Ser mamá', así se llama la iniciativa virtual a la que sigo hace unos meses. El tema de la semana hizo que me identificara y reaccionara con mi participación. Así es la interacción y la dinámica de las redes sociales. Así que aquí voy con mi aporte personal.
Soy de la generación de mujeres que fueron esculpidas por el perfil de las "Supermamás" delos años 60's. Crecimos así, viendo a nuestras madres batallando con el día a día del oficio del hogar y la exigencia laboral. Para fortuna de algunas, era solo medio tiempo de trabajo según vinculación, sin embargo el afán de demostrar que se podía con los dos roles de mamá solo quedaba el agotamiento y el estrés por cumplir. Ese era el modelo apropiado para salir adelante: un apoyo para el oficio doméstico, correr en todo y tratar de no caer en todos los malabares.

Prioridad para ser mujeres exitosas: formarse y trabajar, la maternidad o ser esposas era algo que si llegaba bien, si no...en fín, era decisión de cada cual. Con esto podrán deducir que soy mamá, pero no tan a temprana edad. Así que siento que cumplí con el modelo que mi madre me inculcó y creo que en eso ella está de acuerdo. Pero, qué había luego de ello? Una formación así me haría en teoría una 'Supermamá', pero la práctica, la vida es otra cosa.

Me casé, a los dos años salí embarazada y en medio del pechiche de mi esposo y compañeros de trabajo salí victoriosa los 9 meses. El período de lactancia de 3 meses activaron el 'chip mamá' y empezó a darse la experiencia real. Uno no se hace madre al concebirlos, el curso continúa con la crianza y el acompañamiento. Y yo pretendo hacer todos los niveles.

La exigencia social, laboral y emocional a una mujer #MadreTrabajadora no permite vivir la experiencia única e irrepetible para muchas, como en mi caso. Decidir entre los hijos, su crianza y el trabajo es complejo frente al tema de estabilidad económica, pero no hay dinero que pague la tranquilidad, salud y vida que ofrece la llegada de hijos a una pareja. Antes de tomar la decisión de dejar mi empleo de 13 años revisé las experiencias de mis compañeras de trabajo, de mis amigas, de mi propia mamá y llegué a una conclusión, esa sería mi vivencia, la propia, la única. Y si era de poner prioridad a mi felicidad, la lista la iniciaba la vida de mi hija, lo demás tendría solución, con el apoyo y respaldo siempre de mi esposo.
La presión de no perder vigencia ni vinculación me llevó a actualizarme, la exigencia de los aprendizajes con mi hija, me llevaron a prepararme en redes sociales y gestión de contenidos virtuales. Mi experiencia unida a las ventajas de teletrabajar me tienen ubicada en esta coordenada actualmente. Para fortuna mía y de mi hija, la decisión me ha conducido al trabajo del futuro, en el que se percibe una gran competencia y exigencia mundial.


Cumplir horarios exigentes en una oficina como si el hogar no existiera, puede ofrecer satisfacción personal pero la calidad de vida como mujeres, madres y seres humanos se afecta muchísimo y lo más frustrante, nuestro hogar se desarrolla sin presencia nuestra. Claro que esto es una decisión individual, lo que me hace feliz a mi puede no ser la felicidad para otro. Pero quiero dejar constancia que no dejamos de ser excelente profesionales si sabemos cumplir objetivos, tiempos de entrega, desde cualquier lugar, con dispositivos que nos ofrecen las nuevas tecnologías y el internet. Voto por 'teletrabajar' y no la experiencia como 'telemamá'.

Tomado del blog "Panel sin Fronteras"

miércoles, 21 de agosto de 2013

No es fácil ser: madre, esposa y ama de casa.

Por: @madrenovata

"Madres que decidimos y tenemos la oportunidad de trabajar por nuestros hijos y nuestro hogar, convirtiendonos así en Madres y Amas de casa de tiempo completo."


No es fácil ser: madre, esposa y ama de casa.
Las madres no somos de hierro, también sentimos el cansancio del día a día. Ser Madre, Esposa y Ama de Casa, no es nada fácil, son tantas funciones y hay días el tiempo no me alcanza para tanto.
Muchas personas critican a las madres que se quedan en casa, cuidando a sus hijos, su hogar; piensan que nos quedamos viendo TV o jugando, cuando en realidad cumplimos con muchas labores.
  • Lo primero es atender a nuestros hijos (cuidado, alimentación, escuela, juegos, etc.)
  • Ser ama de casa es un trabajo sin horario, desde que se levantan hasta que se acuestan. (Teniendo en cuenta que muchas veces los niños están enfermos, o no pueden dormir, etc., y nos toca desvelarnos).
  • Además de todos los quehaceres de la casa nos toca salir hacer compras, al banco, a reuniones, etc.
  • Ayudar a realizar las actividades escolares, además de las actividades que realizamos para que ellos se diviertan en casa, (juegos, arte, manualidades, etc.)
  • Y no olvidemos el papel de esposa y mujer.

Mantener el hogar ordenado, es un trabajo duro y absorbente, mi hija va a la escuela de 7: 30 a 12:00 y en ese tiempo intento hacer muchas cosas para cuando ella llegue tener el tiempo para dedicárselo, compartir y hacer las actividades que a ella le gustan. Debo aclarar la casa de ve ordenada mientras está en la escuela, apenas llega reguero de juguetes y cosas.
Muchas veces dejo de ser ama de casa por muchas horas, pero Madre nunca y mi pequeña me exige cada día más, a ella no le niego mi tiempo, porque este se va muy rápido, ella crece y no la disfruto, por eso siempre mi Princesa, es la primera en todo.

Cuando deseamos que la maternidad sea nuestra única profesión y trabajo

Por: Elisa Santodomingo
Mi  nombre es Elisa Santodomingo,  soy madre primeriza de un hermoso niño que se llama  Andres David,  tiene 1 año y 3 meses.  Durante mi embarazo trabaje hasta  la  ultima semana de gestación, y cuando confirmamos mi embarazo la naturaleza hizo lo suyo! Automáticamente activo mi chip de maternidad  y entonces comprendí que sin descuidar mis obligaciones y responsabilidades laborales, la prioridad es mi hijo.
En el proceso de estimulación intrauterina  cree rutinas  como por ejemplo explicarle siempre cada actividad que iba hacer, en la noche cuando organizaba las cosas para el día siguiente siempre le explicaba, y hasta le pedía opinión! Ups parece de locura!!.  Esta rutina sigo manteniéndola y me permite compartir tiempo con el y explicarle porque mama tiene que ir a trabajar, al regresar del trabajo es infalible y sagrada  nuestra hora de juego, durante la jornada laboral y en la medida que me sea posible llamo por teléfono y pido que lo pongan al teléfono, le doy algunas indicaciones ( pórtate bien, come tus alimentos, mama  y papa te aman mucho, nos vemos mas tarde, y quien es el príncipe? )
Considero que como madre trabajadora todo los días tengo nuevos retos y aprendizajes maravillosos, he aprendido a tener un buen manejo el tiempo, de tal forma que no tenga que llevar trabajo a la casa, para que nuestra hora de juego no se afecte,  he aprendido a decir No a los jefes, que cada día es diferente aun cuando existan  rutinas, duele siempre y genera ansiedad dejarlos, sobre todo porque siempre notas una necesidad de atención y afectiva diferente, algunas veces te despides bien  y otras hay llanto y una fuerza  inimaginable de esa pequeña personita que se aferra a ti para que no lo dejes, sin importar cuantas veces lo haga en la semana siempre surte el mismo efecto en mi: Lagrimas y un deseo de quedarme.
Hoy valoro a las madres que por decisión y convicción son las  que cuidan a sus hijos y llevan el timón del hogar y admiro a las madres que al igual que yo decidieron también por convicción  trabajar y sacrificar otros aspectos de la vida por sacar la familia adelante, nunca antes había sido tan fuerte y valiente en la vida, hasta que nació Andres David.
Cada día trae su afán y así hay que vivirlo  nuestros hijos merecen tiempo de calidad, y finalmente ellos a su manera y en su lenguaje nos hacen saber cuándo algo está bien o está mal.
Muchas gracias al oficio de ser mama  por promover estos espacios que son de una experiencia invaluable desde todo punto de vista

Trabajando y cuidando hijos... ¡Una dura tarea pero gratificante!


Realmente hace unos pocos días, ya ni recuerdo exactamente, tendría que echar para atrás y ver la fecha, decidí activar este blog. Pero, una vez tomada la decisión, surgió otro dilema (el más complicado)... ¿qué rayos iba a escribir aquí?

Si bien, la decisión de retomar este blog se fundamentó en que como bien saben, o bueno ahora te estás enterando, me encaaaaaaaaaaaaaaaanta escribir. Considero, y así me lo han dicho, que me comunico mejor por medio de la escritura. Ante esto, aprovecho para darle gracias a Dios por darme este talento, pues por ello soy hoy Comunicadora Social y Periodista. ¡Sí! Me decidí por esa profesión por mi amor a la escritura. ¿Saben? Aunque me gusta escribir, soy de poco leer. ¡Y esto es una paradoja! porque dicen que para poder escribir hay que leer mucho. ¿Saben otra cosa? Darme cuenta de eso, que soy así, me hace sentir como esas personas que les gusta que las escuchen, pero no les gusta escuchar. Mmmm.... ¡qué mal! ¿Verdad? Pero bueno...mucha cháchara y ¡al grano!

Realmente este post de hoy lo hago inspirada e impulsada por el blog "El oficio de ser mamá" ¡Si eres una mamá, te lo recomiendo! Lo empecé a seguir hace muy poco, por accidente tal vez...¡Sí, creo que fue así! Un día, no sé cómo llegó a mi timeline de Facebook, una publicación interesante de ese blog y empecé a seguirle la pista. Y hoy me tiene escribiendo mi primer post oficial ja, ja. Muchas gracias.

Pues sí, en esta semana, dicho blog inició una campaña para que las mamás compatieramos nuestra experiencia como #MamásTrabajadoras. Y sentí que era hora de hablar...Y qué mejor medio que por aquí, en mi espacio, en donde puedo y quiero ser libre, en donde quiero expresar realmente todo lo que siento frente a este tema, así que ahí voy. ¡Taraaaaaaaan!

Soy madre de dos niños, María Elisa de 4 y Jesús Elías de 1. No es tarea fácil cuidarlos y trabajar "medio tiempo", pero por fortuna y como digo yo: porque Dios me ama mucho, he encontrado el trabajo adecuado, el perfecto... el #TeleTrabajo (trabajar como freelance, en mi caso virtualmente). Para trabajar, no tengo que moverme de mi casa, yo reparto mi horario, el pago no es una millonada, pero es una ayuda para mi hogar. ¿A quién no le cae bien unos pesos en el bolsillo? y ¿más si haces lo que te gusta?

Este trabajo llegó solito a mi vida. Aún recuerdo que una amiga me lo recomendó, mi hijo menor tenía si acaso como dos meses de nacido, yo no buscaba trabajar. Ella me insistió en que lo tomara, mi esposo y yo lo vimos bien, pero por dentro yo estaba llena de miedos... por la responsabilidad del tiempo que merecía el nuevo empleo y por supuesto la crianza de un nuevo hijo. Yo estaba recién parida, prácticamente. La situación no era como cuando decidí trabajar mientras sólo tenía a mi primera hija, pues les confieso también que para ese entonces yo sí buscaba empleo, ya ella estaba más grande en comparación al bebecito. María elisa ya estaba en edad para iniciar su preescolar, así que mientras ella iba a sus clases y mi esposo a su trabajo, yo podía ir a la oficina o trabajar desde casa. Y bien, conseguí un empleo semi presencial, en el que alternaba mis labores como ya les comenté: desde casa algunos días y otros iba a la oficina.  Ese trabajo no duró mucho, salí en embarazo de mi segundo hijo y decidimos nuevamente quedarme en casa, exclusivamente, a vivir mi segunda gestación.

Quiero aprovechar para compartirles que desde que me casé,  mi esposo y yo hicimos casi que un pacto: él saldría a la calle a buscar la 'papita para comer' y yo me quedaría en la casa con los niños. Y así  nos hemos sentido mejor sinceramente. Este pacto se resumen en como dice el refrán: el que tiene tienda, que la atienda. No es por cuestión de machismo, para nada. Lo que pasa es que ninguno de los dos quiere que nuestros hijos sean criados por nadie distinto que su propia mamá, ya que tenemos la plena convicción que así es mejor, en todo sentido. Pero bueno... no todas las familias pueden hacer eso, pues la economía muchas veces apremia. Y sí, nosotros hemos pasado las verdes, las maduras, y ¡hasta las  podridas! pero Dios ha provisto de todo y hasta un poco más de lo esperado... y ante esto, actualmente bien podría darme el lujo de decir: no trabajo más. Pero no dejo mi trabajo a pesar de esto, no sé si por terquedad o qué sé yo. O bueno, también es por que siento que debo oxigenarme un poco, pues no todo es ser mamá, esposa, etc... también mi realidad es que tengo una profesión y si con ella puedo servir, y entrentenerme, ¿qué más entretención que escribir? Sí, me pagan por eso, por escribir :) Y pues como dije lo que gano no es mucho, pero así sea que lo que gane me alcance para la mensualidad del colegio de mi hija (por decir cualquier cosa)... con eso siento que también aporto.

Les confieso otra cosa, muchas veces me siento fatigada, porque se me juntan increíblemente como si la Ley de Murphy me persiguiera: las cosas de la casa, los niños, las responsabilidades con el trabajo, el trajín del matrimonio (porque quien esté casado sabe que no es fácil ja, ja). Cuando pasa eso, me aturdo y digo: no trabajo más, me dedico a mis niños del todo... ¡No soy la mujer maravilla! Pero luego, las aguas se calman y con la ayuda de mi esposo, empezamos a ver posibles soluciones, en vez de quedarme en los problemas, y aquí sigo: dándole al teclado, escribiendo.

Para poder trabajar ahora, con los dos niños, me ha tocado volver a ser disciplinada y estricta con los horarios, como cuando estaba en el colegio je, je. Sin importar a la hora que me haya acostado, de lunes a viernes, me levanto a las 6:00 a.m. y hasta las 7:15 am me dedico a alistar a mi hija y a mi esposo para que se vayan a su colegio y a su trabajo, respectivamente. A partir de ahí y hasta las 8:00 a.m tomo tiempo para mí, a esa hora empiezo mi jornada laboral. Poco después, a las 9:30 a.m. me vuelco hacia el niño menor hasta las 11:00 a.m. En esas horas lo baño, lo alimento, juego con él, etc...mientras que también voy dándole las instrucciones a la señora que contratamos para que se encargara del aseo y la comida de nosotros. ¡Porque imagínense antes yo hacía también todo eso! Era una locura, me estaba reventando totalmente.

Sigo... a las 11 a.m hasta la 1:00 p.m. trabajo formalmente, a esa hora suspendo, almorzamos en familia y lo que queda del día lo compartimos en familia. Sin embargo, como mi trabajo lo exige no puedo descuidar la labor así no más, entonces cada hora le 'echo un ojito' al smartphone, y desde ahí monitoreo mi #teletrabajo... pero sólo un poquito, porque la idea es trabajar realmente el medio tiempo y el resto a mi familia. ¡Bendita sea la tecnología!

Fabulosamente, mi trabajo ha rendido mucho más, ahora en el último mes, que fue cuando decidimos hacer esta rutina muy disciplinada, pero que a veces se sale de las manos porque los niños no son unos robots y salen casi siempre los imprevistos: que si el bebé hoy se despertó mas temprano, que si se enfermaron los chiquitos al mismo tiempo y entonces se les corren las horas de descanso a ambos, o en el peor de los casos no durmieron bien y por ende... ¡yo tampoco!... Pero bueno, ahí vamos sorteando las situaciones. Me los echo al hombro a los dos y de paso a mi trabajo también.

Ya para finalizar, porque no quiero aburrirlos, como lo dije en el párrafo anterior he aprendido en este ejercicio de este último mes que la cuestión y la clave para tener éxito como #MamáTrabajadora es de disciplina. Sí se puede trabajar y cuidar a los hijos. Al menos en mi caso, desde casa.

Sin embargo, tooooooooooooodos los días, sigo pidiéndole a Dios que me muestre las señales: si de verdad lo que pienso es así, si es lo que me conviene. O si definitivamente, me olvido de esto de trabajar, y me quedo tranquila, sin unos pesos menos, pero de lleno con mis hijos. Es cuestión de discernimiento en medio de una confusión natural como mamá. No es fácil, no es fácil. Pero ahí voy...

Tomado del blog: eL MunDo de La Ñaña

Orgullosa de ser una exitosa #MadreTrabajadora

Por: @vivianvanessac



Después de mucho tiempo, aprovecho para compartir con ustedes mi experiencia como mama arquitecta…
Debía despedirme de mi cielo para volver a mi trabajo un frió jueves del mes de abril, con lagrimas en los ojo lo deje donde las abuelas quienes se encargarían a partir de ese momento de cuidar y darle todo su amor a mi pequeñito, tan indefenso, tan frágil, con tan solo 90 días de nacido, para mi sorpresa al llegar al sitio de trabajo me recibió “ una contadora” ni siquiera nadie de recursos humanos ( creo que en esa empresa no existía ese departamento) y me dijo Vanessa tu contrato es por duración de obra y en este momento la obra termino "gracias por todo chao", jajaja tome mi celular y con una gran sonrisa en mi cara llame a mi esposo (NOS VAMOS A CASARRRRR) y le dije mi amor voy a estar con Manuelito nuevamente, sin tener muy claro lo que estaba pasando ( económicamente) Salí del sitio con gran felicidad a ver a mi pequeñito, un poco confundida en ese momento por la decisión que esta empresa estaba tomando, pero con la satisfacción de ser una mujer profesional, una nueva buena mamá, con un compañero inmejorable, un hijo maravilloso y el apoyo de mis papas y mis suegros, respire profundo con lagrimas en los ojo, llegue a darle mil besos a mi hijo y a agradecerle a Dios por permitirme esos momentos extras con mi pequeño, con un panorama laboral nada claro, pase los mejores días de mi vida ese fin de semana sabiendo que el lunes siguiente debería preocuparme nuevamente por conseguir trabajo, con el paso de los días y gracias a un colega que más que eso es como el hermanito que nunca tuve, se vieron grandes oportunidades de trabajo como independiente, desde mi casa podía trabajar mientras atendía a mi pequeño, a la hora que quisiera, sin madrugar a nada más que ver su linda cara, lograr dedicarle mucho tiempo con el que no contaría si estuviera en esa empresa.

Logré dedicarle gracias a Dios 4 meses más de los que me imagine, disfruté todo ese tiempo con mis hombrecitos en casa, aprendiendo cada día a ser mama “UNA BUENA MAMA”, en agosto (hace un año), emprendí una gran aventura en un empresa que me exige mucho, y limita mucho el tiempo con mi hijo, por las grandes responsabilidades que tengo, sin embargo el apoyo de mi esposo, la ayuda de mis papas, mis suegros y tomar la decisión de que Manuelito empezara la maravillosa aventura del JARDIN, me dan el día de hoy la satisfacción de saber que el haberme echado de esa “empresa” fue lo mejor que me pudo a ver pasado en su momento, y si al día de hoy por mi carrera y lo que me exige  el trabajo no me permite compartir las 24 horas del día con mi hijo como quisiera, puedo decir que las horas que le dedico y las 3.000 llamadas que hago diariamente al jardín y a sus abuelas me dan la tranquilidad de que lo estamos haciendo muy bien…

No todas las mamas tendremos las mismas oportunidades, por que las profesiones son todas muy diferentes algunas no nos permiten tener cierto nivel de independencia y lograr un nivel económico aceptable, sin embrago 5 minutos de una caricia, un beso, un abrazo, una canción etc. Le recordarán a nuestros bebes lo mucho que los amamos y que algún día Manuelito me mirara como miró hoy a mi mamá!!! Como una berraca luchadora y trabajadora por nosotras, que a pesar de su cansancio llega igual que yo a jugar y a consentir, que después de que se duerme, le arreglamos sus cosas para el jardín, y me levanto mas temprano que de costumbre para hacer su lonchera y desayuno que no me importan los trasnochos mientras sean a su lado, que sus pataletas me sacan de quicio pero al mismo tiempo me divierten, que sus caricias son tan fuertes como las mías, todas estas pequeñas cositas, hacen que cada uno de esos momentos que compartimos estén llenos del mas puro e inocente amor.

Así que para todas ustedes nuevamente vivan su maternidad como les dicte su corazón, sin prejuicios y con la convicción de que siempre están haciendo las cosas bien, que los concejos son validos y se pueden escuchar mas no siempre se debe hacer lo que los demás quieran!!!! 




Robandome 10 minutos de trabajo



En honor a este día a día y a este corre corre de la vida, me siento hoy tomando 10 minutos de mi actividad laboral a escribirte unas líneas querido compañero de viaje, amado Copiloto de mi vida.
Aprovechando que el celular se ha descargado y el correo electrónico sufrió un pequeño colapso, que mi jefe está en una de esas reuniones interminables, y que no levanto los ojos del computador mientras el universo se confabula yo te escribo…

Ya casi son dos años de ser madre, desde llevarte en mi vientre, trabajamos por distintas partes de Colombia, siempre contándote para donde y que íbamos hacer, ahora que no quieres bajarte de mis brazos, sigues acompañándome en este nuevo reto de ser madre y trabajar igual que antes, te cuento que esto no ha sido nada fácil; afortunada fui al poder quedarme contigo casi 15 días más de la licencia permitida para permanecer a tu lado,  los primeros días de regreso al trabajo confieso que fueron duros, terribles, mis ojos no paraban de soltar unas lagrimas gruesas y repetidas, creo que llamé a tu papá más de 10 veces al día, veía tus fotos te extrañaba tanto tantisisisimo!!! Eso no era todo, sufrí terribles dolores en mis senos, nadie me dijo que el sentimiento de extrañarte tanto hacia que se produjese mas leche materna y gracias a esto el temible fantasma de la MASTITIS apareció en mi vida y durante 8 días el dolor al amamantarte y estar lejos de ti fue de locos.

Así comenzó todo este nuevo capítulo de mi vida al que llamaré, confiando en Dios... Y es que esa frase se convirtió en mi diario vivir, aprendí a no llamar más de dos veces a tu papá o a tu nona Amparo, cuando comencé a viajar y a permanecer lejos de ti noches enteras confié en que Dios te arrullara en sus brazos y te hiciera dormir plácidamente sin sobresaltos, confieso que en esos días no dormía mucho (Aún en mis viajes no duermo), confié en que las personas que estaban pendientes de tus cuidados fuesen una extensión del amor de Dios y del mío propio para contigo y no me equivoque, más amor y cuidados no eran posibles, fuiste y eres aún el centro del universo de ellos.

Así pasó el tiempo y confié en Dios que todo el proceso de un traslado era el mejor y aun sigo en ese proceso, de nuevo me asalto la incertidumbre de quien iba a estar a tu cuidado, quien acompañaría todo el día a mi gato, y de nuevo aparece un Angel llamado Laly que es esa respuesta a todas mis oraciones. Tus Nonos y la Tía que en el día a día acompañan tu crecimiento y tu formación como persona, de ellos también siempre tendremos el apoyo necesario para que nuestras vidas sean menos complicadas.

Cuando algún día tengas la edad para leer esto sabrás y entenderás, que tu sonrisa y tu presencia al regresar a casa cada día fue mi aliciente para lograrlo cada mañana, ese contrato que firmamos  desde el momento en que nos encontramos en esta vida, sigue firme, aún en la distancia a varias cuadras de distancia, Kilómetros y quizás mares de por medio (algún día) sabrás que todo el trabajo ha sido por ti por los dos.

Cada noche doy gracias a Dios por este trabajo, por permitirme tener un sustento diario para ti, gracias a este trabajo Félix Tomás puedo arreglármelas para brindarte una vida cómoda, sin excesos o lujos innecesarios, este es mi ejemplo para ti, hay que ganarse las cosas en la vida, el esfuerzo siempre es recompensado, te dirán que todo es duro, otros te harán creer que es imposible, otros aun más audaces te dirán que no eres capaz… Yo día a día aprendo a ser mujer, mamá, profesional etc. Cada día es un aprendizaje vinimos aquí para ser felices, para admirar el mundo y los milagros que ocurren en él.

Me despido un poco afanada, ya los celulares comenzaron a sonar de nuevo, hay un requerimiento y la bandeja de correo está a punto de estallar, sé que estas bien que mi amor te llega a cada momento, y que la promesa de un nuevo día a tu lado será por el tiempo que Dios me de vida para amarte y trabajar por un mejor mañana.

Te amo tu mamá.

A trabajar se dijo

Por: @punketa

Hace poco más de un año decidí dejar de trabajar (o bueno, trabajar por horitas o cosas pequeñas), dedicarme a mi familia y en especial a mi hijo. Cosa buena esa de estar al lado de mi chicuelo, cuidándolo, estar pendiente de las cosas de la casa, poder compartir tiempos con la gente que quiero. Fue un buen momento porque aproveché al máximo con mi hijo que es lo que más amo sobre todas las cosas; estar pendiente de sus comidas, de su ropa, de jugar con él, acostarme con él en la siesta…. Momentos únicos que aproveché al máximo.

Ya la otra cara de la moneda de mis momentos con Eric es que si no hay trabajo no hay dinero. Esa es una triste comparación que todos sabemos. Los niños no vienen con el pan debajo del brazo y tampoco de amor se vive. A pesar de compartir momentos lindos con él, sabía dentro de mi que eso no iba a durar tanto porque la situación no estaba siendo la mejor y debía ponerle un pare al asunto y dedicarme también a mi vida profesional ya que la tenía un poco descuidada

Al fin encontré un trabajo por el que me siento muy contenta y por el que llevo algo más de un mes. Es un trabajo de tiempo completo que me requiere todo el día fuera, por lo que he descuidado cosas de la casa, incluso de mi familia. Soy cuasi maniática del orden y del aseo por lo que no hacer algunos que-haceres me pone un poco mal, pero recuerdo que el tiempo de trabajo es más importante y algunas cosas pueden esperar al fin de semana para realizarse.

De otro lado mi hijo. Por el, que doy todo también, ha sido afectado por este cambio. Está claro que no tengo tiempo igual a cuando estaba disponible para él 7/24. Ahora debo coordinar tiempos con mi hijo, la casa, mi pareja en un par de horas en la noche y un trisito no más en la mañana. Parece cosa de locos porque vivo al 10000%, intento estar pendiente de todo pero la verdad que es yo sola no puedo con todo al mismo tiempo. Hay cosas que he debido darle más importancia, por ejemplo, pasar al menos un rato a solas con mi hijo para hablar o jugar con él. Tiempo invaluable. Las cosas de la casa pueden esperar y está claro que todos los días no es necesario asear al extremo la casa, simplemente una organización adecuada y el resto que espere al fin de semana. El tiempo con mi pareja es otra cuestión porque tengo la oportunidad de hablar con él varias veces al día así que se puede decir que 'compartimos' un poco más.

Antes estaba sola con mi hijo, ahora hay un responsabilidad adicional de ser pareja, ama de casa, mamá, trabajadora en mi profesión. Soy una mama multitasking porque definitivamente la responsabilidad que tengo en estos momentos como mujer es de hacer muchas cosas. Por fortuna me he venido dando cuenta que es importante organizar mejor todas estas tareitas para luego no sentirme frustrada porque quise hacer de todo pero al final no hice nada. Más importante aún, ha sido no descuidar para nada a mi hijo, el me necesita y más por la edad en la que él está, cualquier cambio lo afecta en su comportamiento.


En estos tiempos de cambios, de cambios buenos, he sacado lo mejor de mí para que todo siga fluyendo. Todo ha salido muy bien y tengo la plena seguridad que seguiré luchándola para que mi familia se siga sintiendo orgullosa de que todo el esfuerzo y sacrificios que hemos tenido han valido la pena. Amo estar donde estoy en estos mismos momentos y no quisiera cambiarlo por nada.

El eterno dilema: Cuando Trabajar se enfrenta con osadía ante la maternidad



Por un lado: estabilidad económica, desarrollo profesional, contacto con el mundo, independencia; y por otro lado: esa criatura pequeña, indefensa, por la que se daría la vida de ser necesario, que te ama con todo su corazón, que cada día anhela tus brazos, tus palabras. Esa personita que siempre tiene algo nuevo que mostrar y que te derrite por completo.
No hay duda de que todas las madres elegiríamos la segunda opción, sin embargo, no siempre es tan fácil. Hay muchos factores que influyen en esa decisión y he aprendido que no se es una mala madre por salir a trabajar.
El factor determinante en mi caso fue ¿Quién estará al cuidado de mi mayor tesoro? El jardín o la guardería no eran una opción para mí. Siempre he guardado mis reservas con el tema. Mi madre siempre me ofreció su apoyo y es ella quien hoy en día se encarga del cuidado de Juan José. Es una bendición. De no ser así, muy seguramente replantearía mi decisión de trabajar, al menos hasta cuando este mas grandecito.
Actualmente, gracias a las bendiciones de Dios y las bondades de la vida, he hallado un equilibrio entre mi trabajo y mi hijo. Me desempeño en educación y mi semana laboral va de lunes a jueves. El viernes es un día especial, es el día de los dos. Realizamos actividades que fortalecen nuestra relación y lo vivimos al 1000%. Cuando hay época vacacional permanezco 24/7 a su lado.
No pienso mentir, el sentimiento de dejar a mi hijo cuando voy a trabajar nunca desaparece. Siempre siento ese hilo de amor que une nuestros corazones y que cada tarde me lleva de vuelta hacia él. Cada inicio de año laboral para mi equivale a ese “No quiero separarme de ti” con forma de lagrimas. A menudo me descubro fantaseando en lo maravilloso que sería contar con una opción laboral que me permita permanecer al lado de Juan José y sé que lo voy a lograr. Es mi objetivo.

Cada madre tiene su posición y todas son respetables. Personalmente considero que soy una mejor madre desarrollándome profesionalmente y compartiendo tiempo de calidad con mi hijo. Valoro inmensamente el tiempo que paso con él y tenemos una relación hermosa.
Mi hijo es la motivación, es el motor que mueve mi vida, nada en la vida me ha hecho más fuerte que su presencia y estoy dispuesta a todo por su bienestar. Lo amo con todo mi corazón y a diario me alimenta y me recarga de energías. No hay mejor momento que cuando llego a casa, sale corriendo a mis brazos y me cuenta todas las aventuras que vivió con su abuelita y sus primos. Cuando me llama por teléfono a decirme que me ama hasta el cielo, cuando hace su oración antes de dormir y luego dice: "Mami, abrázame".

Por él todo vale la pena.

lunes, 19 de agosto de 2013

El teletrabajo, una grata oportunidad para mi vida

Por: @carocoop


Aunque todo comenzó hace casi dos años, es la primera vez que me siento a reflexionar sobre el teletrabajo como parte de mi vida. Creo que las cosas simplemente llegan y a veces se dan tan rápido que uno no tiene tiempo para asimilar qué son, cómo son y de qué manera se adaptan a nuestras rutinas.

Tengo 32 años, soy caleña, hija de padres jóvenes y aventureros -vivieron en Estados Unidos y ahora en Canadá-, hermana de un hombre más extranjero que colombiano -ha vivido fuera la mitad de su vida-.  Hace 9 años vine a Bogotá a hacer mis prácticas profesionales. Aquí me enamoré, me casé, me separé y fui madre. Con el amor con nombre propio, Alejandro, y mucha soledad en la ciudad, decidí renunciar a un trabajo demandante e ingrato en una reconocida agencia de comunicaciones para mudarme al campo mientras llegaban noticias de planes a mediano plazo.

En lo que puedo ver como un “golpe de suerte”, antes de mi renuncia me delegaron hacer el freepress de un evento organizado por Benetton, una importante marca de ropa italiana. El evento fue un éxito gracias a mi gestión (cero modestia al respecto) y la persona de esa compañía que estuvo presente fue nada más ni nada menos que su Jefe de Comunicaciones para Latinoamérica. Contenta con mi labor, me pidió mis datos con la promesa de contactarme pronto. Dos meses después, en agosto de 2011, cumplió.

Trabajar con una persona que está en Brasil, apoyada en una diseñadora que vive en Uruguay parecía imposible hace 10 años. Hacerlo desde una finca ubicada a 15 minutos de un pequeño municipio de Cundinamarca suena difícil aún hoy en día. Y sí, fue un poco complicado al principio por la falta de red inalámbrica. Pero después de algunos meses de viajar a Zipaquirá todos los días a trabajar desde un computador alquilado, conseguimos un buen servicio de internet que ha permitido que trabaje desde la casa sin tener que gastar dinero en transporte, comida y horas de internet y, sobre todo, me ha dado la oportunidad de estar cerca de mi niño, de verlo crecer y ser realmente su mamá.

Aunque extraño compartir el día a día con amigos y colegas de oficina y ya no tengo razones para invertir en ropa y zapatos (lo cual me encantaba), no puedo decir más que cosas buenas sobre el teletrabajo. En mi caso, me ha dado la oportunidad de no solo ser parte de una multinacional, sino ir creciendo dentro de ella (lo que nunca ocurriría en el lugar donde estaba): mi trabajo como Jefe de Prensa cruzó las fronteras colombianas y llegó a Centroamérica y parte de la Región Andina; actualmente a mis tareas de prensa se les unieron otras de publicidad y mercadeo, y ahora en mi firma virtual se lee “Asistente Senior de Relaciones Públicas de Benetton para Latinoamérica”.

Estoy segura de que esto no es para todo el mundo. Hay personas para quienes salir del hábitat día a día es vital. Yo no digo que sea un ser en perpetua hibernación, pero sí una madre que quiere estar cerca de su hijo. La vida ha sido muy generosa conmigo y me ha permitido estarlo, dándome además un trabajo que me gusta y por el que me pagan tan bien que no necesito esperar que terceros con deberes y obligaciones, pero sin una verdadera conciencia de la paternidad nos den un centavo. Alejandro tiene todo lo que necesita y más porque puedo dárselo: comida, ropa, salud, recreación, amor y tiempo.


Conozco perfectamente la diversidad de estilos de vida  de todos los colombianos -yo, tan caleña y tan amante de la ciudad, nunca pensé vivir en la zona rural de Cundinamarca. Y vea-. Sin embargo, veo que las condiciones laborales no son las mismas de décadas atrás y la actualidad presenta al teletrabajo como una gran opción para trabajar y para vivir. Yo, como madre soltera y como profesional, lo recomiendo altamente, sobre todo a quienes como yo tienen hijos y quieren estar con ellos. Con organización, amor por lo que se hace, una buena distribución del tiempo –lo más complicado, pero poco a poco se logra- y si, un empujoncito de buena suerte, es inevitable ver al teletrabajo como una verdadera oportunidad de vida.