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miércoles, 28 de marzo de 2012

El tetero, otro de los grandes mitos

Por: @Morganadeleon

Antes que nada quiero aclarar que soy defensora del tetero como alimento COMPLEMENTARIO en la dieta de los niños que están aprendiendo a nutrirse, pero no como sustituto de comidas principales o como método de entretención para los pequeños.
Una vez aclarado, debo decir que enseñarle a un niño a comer no es tarea fácil, lo que a mí puede resultarme sumamente delicioso, para mi hijo es detestable. Por eso siempre hay que buscar la mejor manera de que aprenda a comer, pero que no sufra de desnutrición mientras lo hace.
Cuando era niña y, aún de adolescente, tomé tetero recién me despertaba, todos los días sin excepción. No tuve paladar hendido, problemas de lenguaje y es más, gozo de una sonrisa perfecta, sin caries y sin necesidad de aparatos de ortodoncia para lograrla. Tomar tetero hasta vieja no hizo que ninguno de los procesos normales del desarrollo y crecimiento se retrasara o me generara algún problema. Ya les cuento por qué.
Nunca me quedé dormida tomando el tetero, ni tuve la necesidad de estarlo chupando toda la noche para poder dormir. Tampoco lo usaban para que dejara de llorar o peor aún, me pusieron chupo pacificador. Lavaba mis dientes después de cada comida.
Siempre fui remilgada para comer y mi abuela y mi mamá, hallaron la mejor manera de ‘hacerme comer’ lo que no me gustaba. Con mi tetero cocinaban ‘coliceros’, zanahorias y otras verduras para que la ‘sustancia’ quedara en lo que yo con gusto, me tomaba. Pero no por eso dejaban de ofrecérmelas en las comidas principales. Además, nunca reemplazaron un almuerzo completo por un biberón lleno de tetero.
Ahora que soy mamá, me doy cuenta que muchas veces, cuando mi bebé se enferma, lo único que me recibe es el tetero, se lo toma con gusto, los disfruta y por detrás voy yo con mi intento de que coma de todo y sobre todo, que se nutra según las necesidades físicas para su edad. Tal vez si no tomara tetero, en esas enfermedades, bajaría drásticamente de peso, no tendría la súper talla y peso que tiene.
Mi estrategia es hacer a toda costa que goce de los beneficios de una alimentación balanceada y nutritiva, mi táctica va desde ofrecerle todo tipo de alimentos en un plato, licuárselos con un jugo de fruta, hasta cocinárselos en el tetero. Pero siempre teniendo en cuenta que no es sustituto, que no es herramienta para calmar llanto, a menos que sea un bebé pequeño y esté llorando de hambre, pero ya no es mi caso. Nunca dejo que tenga el biberón más tiempo del que debe, ni lo dejo dormido con él, pues crea cierta dependencia a la hora de dormir y puede llegar a ahogarlo.
En este tema nada está escrito, sólo la experiencia permite dar algún juicio de valor, sin llegar a juzgar a otras mamitas por hacerlo o no.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Gracias a ella...

Por: @Moganadeleon


Todas hemos hablado de lo maravilloso que es ser madre, de las buenas cosas que hemos vivido junto a nuestros pequeños retoños, de las dificultades que hemos sorteado y de cuán agradecidas estamos con la vida por ser madres. Pero hoy, mi intención es diferente, hoy no le voy a dedicar estas líneas a Juan Martín o a lo mejor que me ha pasado en la vida. Hoy quiero hablar de mi mamá.
Ella nació el 4 de octubre de 1963, tiene cara bonita y no parece que tuviera los años que dice que tiene y siempre tiene una lección para dar.
Dedicada, como siempre
Dicen que físicamente nos parecemos mucho, no sé qué tan cierto sea, pues la verdad, se me hace que soy una fotocopia en versión femenina de mi papá. Es bajita, claro yo también.
De ella aprendí muchas cosas y aún lo sigo haciendo. Aprendí que por los hijos uno hace hasta lo imposible, que a pesar de ser profesional, uno debe trabajar en lo que sea para que a ellos nunca les falte nada, para que ellos no sufran y que nuestra procesión debe ir por dentro, pues ellos no tienen la culpa.
Antes, me burlaba de ella por lagrimona, porque cuando me gradué del colegio y de la universidad, lloraba como mensa y le decía que no llorara, porque tenía que estar feliz de mis logros. Pero claro, hoy la entiendo, si nada más con ver a Juan Martín bailando joropo casi me muero, sentí que la felicidad no me cabía en el pecho y que fue saliendo de a poquitos por los ojos en forma de lágrimas.
Ya no me burlo, lloro con ella de felicidad, de nostalgia, de amor.
Debo decirlo, ella es muy ordenada, meticulosa con el aseo; infortunadamente yo no, estoy en proceso, porque de cómo sea yo y el ejemplo que le dé a mi hijo, depende cómo será él mañana.
Con Martín, haciendo lo que mejor sabe hacer: consentir
Muchas peleas, todas las que quieran y cómo no, si en mi mamá, no está para ser mi mejor amiga, está para educarme (porque una madre JAMÁS deja de enseñar), está para hacerme caer en la cuenta de cuándo la embarro y para exaltar mis triunfos y logros, además, es la única que lo hace sinceramente y sin esperar algo diferente a un gracias.
Por María Doris Pulido aprendí que no tengo derecho a cansarme mientras tengo a Martín cerca, porque me necesita y debo superar todas mis barreras, gracias a ella he logrado acomodar mi vida a mi hijo, siguiendo su ejemplo.
¿Cómo no ser una excelente madre si tengo la mejor del mundo?
Mamá, gracias por dejarlo todo por mí, por enseñarme el significado del amor desinteresado y sincero y por enseñarme a ser mamá.

lunes, 24 de octubre de 2011

A las malas...

Por: @Morganadeleon

Muchas veces creo que un día llegarán a mi casa los encargados de Bienestar Familiar, para evitar el maltrato del cual es víctima Juan Martín…
Sus terribles gritos y berrinches a la hora de cepillarse los dientes, subir las escaleras después del jardín, quitarse el uniforme, irse a dormir; entre otras, revelan lo mala madre que soy.
No hago nada diferente que hacer cosas ‘a las malas’ con él. Pero por más que me duela hasta el alma, prefiero ganarme su odio por algunos minutos, pero tener la certeza de que estoy haciendo lo que se debe.

Me he ganado patadas, puños, rasguños y malas miradas por darle a Martín, a las malas, los jarabes que permitieron que se curara de esa interminable gripa; por llevarlo a urgencias y permitir que le saquen sangre, le pongan inyecciones y le hagan terapias respiratorias.
Mis vecinos murmuran porque ese niño llora mucho, porque la mamá debe pegarle y tratarlo muy mal. Pero sigo convencida que aunque muchos piensen que soy mala, cruel e injusta con el niño, estoy haciendo lo correcto.
Por fin entendí eso de “esto lo hago por tu bien”, esa frasecita que lograba sacarme el mal genio tiene todo de cierto. Las madres nos enfrentamos a situaciones que nos rompen el corazón, pero que sabemos que debemos enfrentarlas, sacar valor de dónde no hay y, a pesar de la mala onda de todo el mundo, hacer lo que está bien para ti como mamá y por encima de todo, para tu hijo.
Seguiré siendo despiadada y haciendo cosas a las malas, al final sé que Juan Martín me dará las gracias.

domingo, 2 de octubre de 2011

Una lágrima tras otra

Por: @morganadeleon

Esa ha sido la realidad desde que supe que estaba embarazada, no he parado de llorar y estoy segura que así será hasta quién sabe cuándo…
Cuando ratifiqué mis sospechas de un embarazo, lloré. Eran lágrimas de desconcierto e inseguridad, pues no sabía que pasaría de aquí en adelante; con otros planes en la cabeza y sin empleo, todas  la preocupaciones del mundo llegaron, pero el 17 de diciembre de 2008 se fueron, pues ahí, mi llanto fue de felicidad, escuché por primera vez el corazón de un ser pequeñito, alguien que ya tenía vida, pero era tan pero tan pequeño, que todavía no sabíamos si sería una niña o un niño.
Durante los nueve meses, seguí llorando, de alegría, tristeza, confusión, miedo (no puedo negarlo), hasta que llegó el mayor estallido lagrimal que ustedes se puedan imaginar.
El 11 de junio de 2009, tuve todos los tropiezos imaginables para llegar al último control prenatal. La tensión estaba por las nubes y el bebé estaba en riesgo, así que mi ginecóloga (la mejor del mundo, por cierto) dio la orden de hospitalización porque se iba a iniciar una inducción de parto para que Juan Martín viera la luz por primera vez.
Nuevamente, lloré. Mucho tiempo pensando en el nacimiento de mi hijo, anhelándolo y cuando llegó, literalmente, morí de miedo; aunque la verdad, me imaginaba que las terribles contracciones serían peores. Pasaron más de siete horas y la inducción no sirvió. Tenía contracciones, muy fuertes según la monitoría, pero a mí no me dolía nada, pensaba en que tenía hambre (lo sé, muy conchuda yo).
A las siete y algo de la noche, la doctora nos dio la opción de escoger entre seguir en trabajo de parto o hacer una cesárea para poder ver rápido a mi angelito, así que opté por la operación (algo de lo cual aún me arrepiento). Entré a las 9:00 pm, después del que, para mí, sería el último beso de amor… y empezó la travesía, que duró realmente poco.

Después de 24 minutos de escuchar una conversación sobre quién era mejor, si Rafael Nadal o Roger Federer, me dijeron – Mamá, aquí está Juan Martín. Inmediatamente un grito hermoso (el más hermoso percibido por mis oídos hasta el momento) hizo brotar de mis ojos, otra vez, agua salada, más lágrimas, un sentimiento inexplicable se adueñó de mi entendimiento y no podía atinar a nada diferente a llorar de felicidad, pues alguien perfecto y extremadamente bello había llegado a mi vida para hacerla simplemente ideal. Aún lo recuerdo y de nuevo mis ojos se encharcan…
He llorado con cada una de las vacunas y enfermedades de Juan Martín, nada desearía más que ese dolor no lo afligiera a él, sino que lo padeciera yo, soy más grande y fuerte y puedo resistirlo mejor.
En este camino ha habido lágrimas muy dulces, como por ejemplo esas que derramé cuando lo vi ponerte de pie o cuando vi que por primera vez, podía saltar con los dos pies al tiempo, pues entendí que su desarrollo neuronal era óptimo y que a partir de ahí, nada lo detendría. O también, una monumental y extraordinaria, verlo disfrazado de perrito granjero, tomado de mi mano pidiendo dulces y celebrando mis 24 años de vida.
Aunque no sólo los logros de Juan Martín son culpables de tanta lagrimonería, mis logros también me conmueven. Por ejemplo, hacer un disfraz, que quedara bonito y que a Juan Martín le gustara (debo anotar que nunca he sido hábil con las obras manuales) fue grandioso. No sería una buena madre si no admitiera que he aprendido más de mi hijo, de lo que él ha aprendido de mí.

Hoy, terminando estas líneas, dedicadas a la fuente de inspiración y vida que me lleva a ser mejor cada día, estoy llorando, pues no encuentro otra manera de expresar todas las cosas bellas que siento por mi hijo, Juan Martín. Ya sé que las lágrimas de una madre son sagradas, pues ningún otro ser es capaz de llorar de felicidad, nostalgia, tristeza, dolor, ternura… como ella.
Por eso, desde hoy declaro que el único dueño de mis lágrimas será mi bebé, pues sólo él las merece y tengo total certeza que cada una de las gotas saladas que rueden por mis mejillas, serán de felicidad y acompañadas de las consabidas caricias de Juan Martín, esas que me han sacado de las tristezas más profundas, pero eso es historia de otro costal

viernes, 23 de septiembre de 2011

Hasta la eternidad

Por: @morganadeleon


Todos los días, me levantas con un beso y un abrazo. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Ese beso y ese abrazo me cargan de energía y me disponen a vivir una nueva aventura a tu lado.

Cuando llegaste a mi vida no sabía nada, hoy sé sólo un poquito y todo gracias a ti, Juan Martín, llegaste a enseñarme el valor del amor, de una caricia y de la paciencia; esa que antes no tenía y ahora es toda tuya.
Definitivamente, cambiaste mi vida, de la nada he desarrollado habilidades para hacer muchas cosas mientras te tengo alzado, puedo hacer dibujos, colorear e inventarme cosas bonitas para que tú aprendas.
¿Cómo sé que lo estoy haciendo bien? Tu sonrisa, muestra de la felicidad e tu vida, me comprueba, que a pesar de los errores, estoy cumpliendo mi labor como debe ser, formándote y educándote para que mañana seas un hombre correcto y alcances todo cuanto te propongas.
Sí, no me canso de decirlo, te amo y lo haré siempre, porque no te mereces menos y al igual que lo he hecho hasta hoy, haré todo, absolutamente todo porque seas feliz y sigas iluminando mi vida con tu sonrisa y alegría.
Estos dos años, tres meses y diez días no han sido fáciles, pero de la mano, seguiremos adelante y llegaremos al infinito y más allá, como diría Buzz Ligthyear, pues te prometo que seré tu base, tu apoyo y compañía, además de tu mejor cómplice para que seas feliz. Tu felicidad es mi felicidad y así será hasta la eternidad.