Mostrando las entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de mayo de 2017

Sin pensarlo dos veces

Por: Carolina Cervantes 

¿Si pudieran retroceder el tiempo y cambiarlo todo... Cambiar tu empleo, las decisiones que tomaron en algún momento y no fueron las mejores, cosas que dijimos, cambiar a sus hijos con necesidades especiales por un niño sano, lo harías? Mi respuesta a esa pregunta es un rotundo NO! No cambiaría a Mariana por nada en el mundo, así como estamos somos felices, no hay nada que me haga dudarlo y mucho menos desearlo. La amo, la acepto tal y como es, no me arrepiento de nada.


Y si, para algunos puede ser raro y hasta ilógico preferir a una niña a la que hay que cuidar el doble, la que se enferma con frecuencia, por la que he llorado mil veces llena de impotencia porque su salud se deterioraba y no había nada que yo pudiera hacer, que no camina del todo sola, que debo alimentar, bañar, vestir, todo como si fuera una bebé (Que para mi lo es). Todo eso requiere de un gran esfuerzo, cualquiera se cansaría de hacerlo, pero así suene cliché, el amor es la clave, el amor que siento por mi hija y el amor que ella me profesa son los que me dan fuerza para sobrellevar todo esto.



Todas las mamás cuando estamos en embarazo esperamos un hijo sano, nos imaginamos mil cosas, sus cumpleaños, el primer día de escuela, cuando vayan a la universidad, etc... Pero cuando la discapacidad llega a nuestra vida es como si fuéramos en un auto a toda velocidad y nos estrelláramos con la pared, todo cambia.




Ser madre de un niño en condición de discapacidad tiene sus días malos, días en que quieres salir corriendo y dejar todo botado porque sientes que no puedes más, días en que todo es cansancio, caos, frustración, Pero hay otros días en donde el orgullo no nos cabe en el pecho, la felicidad nos inunda, como madres especiales aprendemos a valorar cada pequeño avance que nuestros hijos y los celebramos con bombos y platillos, aprendemos a ser agradecidas con la vida.



No cambiaría nada de estos 9 años en los que he sido la mamá que Mariana, es duro, obvio, pero ella tiene poderes sobrenaturales, calma tormentas solo con sonreír, gracias a ella soy fuerte, compartimos como cierta energía, algo que nos mantiene juntas, Estar a su lado me llena de felicidad, ella me cambió y ahora soy la mamá que ella merece. Yo no le tengo miedo a la discapacidad, estoy segura, sin pensarlo dos veces, no cambiaría nada.



Si pueden vean este vídeo de Franco de Vita, escuchen la letra de la canción... Es perfecta para complementar lo que escribí.

Si me dieran a elegir una vez más, 
te elegiría sin pensarlo,
es que no hay nada que pensar.
que no existe ni motivo, ni razón
para dudarlo ni un segundo
por que tú has sido lo mejor, que tocó este corazón,
y que entre el cielo y tú yo me quedo contigo.


viernes, 29 de julio de 2016

Esos pequeños monstruos


Tenemos la curiosa tendencia inconsciente a mirar a nuestros pequeños hijos como si fuesen adultos y por lo tanto a esperar de ellos a veces, comportamientos de adultos. Quizás sea porque no soportamos tanta inocencia ni tanta transparencia. Es demasiada Luz para nuestros cansados ojos nublados por la miseria humana, por la desconfianza, el miedo y cuanta emoción tóxica hayamos implantado en nuestra alma.

En esa lógica, hemos llegado a pensar que nuestros hijos son verdaderos monstruitos dotados de una particular característica. Hacernos colapsar y manipularnos cual psicótico que genera estrategias truculentas para engañar a su prójimo.

Pensar que nuestros pequeños nos manipulan es una fantasía propia de mentes que esperan lo peor del mundo y caminan con desconfianza por la vida. Los niños son incapaces de tramar estrategias fríamente pensadas para manipularnos. El hecho de que un niño llore no significa que desea conseguir de manera truculenta las cosas, llora porque algo necesita. Y su llanto no puede ser más genuino. Cuando un niño llora debemos atenderle pues significa que lo está pasando mal, está sufriendo. El llanto no es solo una forma de comunicación como suelen plantearlo ciertas corrientes de crianza, instalando de paso la creencia que tenemos frente a nosotros pequeños y racionales monstruos manipuladores.

Paul Ekman, un notable psicólogo inglés, ha desarrollado un modelo interesante para descubrir las mentiras que los seres humanos decimos contrastando lo que se dice con las emociones que invariablemente aparecen al mentir y que se manifiestan a través de gestos y micro expresiones en el rostro. Lo anterior es válido en el mundo de los adultos pues los niños, no son capaces de disimular mentiras y por lo tanto sus infantiles rostros son transparentes frente a lo que sienten, definitivamente están en una situación de disconfort.

Si un niño se entristece y hace “pucheros”, es algo real. Algo está ocurriendo en el que se manifiesta la emoción sin tapujos. Lo mismo ocurre con el llanto. El llanto en un niño denota dolor, deseo de estar con la madre, hambre de leche materna o simplemente contacto, voluptuosidad materna. Sin embargo es común escuchar aquello de “ten cuidado porque hará lo que quiera contigo”, o “déjalo llorar para que se acostumbre a estar solo”, o el típico “te está manipulando con su llanto”.

Maquinamos historias en nuestra mente que nos hacen creer que nuestros pequeños están dotados de artilugios propios de los adultos y en realidad lo único que nuestros pequeños quieren es presencia materna y lo único que entregan es amor. Ellos son lo más genuino que hay, por lo tanto cabe preguntarse si no será un pedido desplazado el que hace que el niño lloré, patalee o haga una rabieta, pero eso lo hace no para manipular sino para mostrar su sentir genuino de dolor, tanto nos pidieron algo y no se lo dimos en su momento que después el niño lo manifiesta con todo su pequeño cuerpo.

No veamos en los demás aquello que es propio de nuestras mentes nubladas por el paso del tiempo y las experiencias en donde hemos aprendido que el mundo es peligroso y las personas, en tanto puedan hacerte daño lo harán. 


Oscar Cáceres
 Coach, Creador de Extraordinary People Model, speaker internacional. 
@ocaceres 
www.oscarcaceres.com




jueves, 11 de febrero de 2016

Sin pensarlo dos veces


Si me dieran a elegir una vez más, 
te elegiría sin pensarlo,
es que no hay nada que pensar.
que no existe ni motivo, ni razón
para dudarlo ni un segundo
por que tú has sido lo mejor, que tocó este corazón,
y que entre el cielo y tú yo me quedo contigo.

¿Si pudieran retroceder el tiempo y cambiarlo todo... Cambiar tu empleo, las decisiones que tomaron en algún momento y no fueron las mejores, cosas que dijimos, cambiar a sus hijos con necesidades especiales por un niño sano, lo harías? Mi respuesta a esa pregunta es un rotundo NO! No cambiaría a Mariana por nada en el mundo, así como estamos somos felices, no hay nada que me haga dudarlo y mucho menos desearlo. La amo, la acepto tal y como es, no me arrepiento de nada.

Y si, para algunos puede ser raro y hasta ilógico preferir a una niña a la que hay que cuidar el doble, la que se enferma con frecuencia, por la que he llorado mil veces llena de impotencia porque su salud se deterioraba y no había nada que yo pudiera hacer, que no camina del todo sola, que debo alimentar, bañar, vestir, todo como si fuera una bebé (Que para mi lo es). Todo eso requiere de un gran esfuerzo, cualquiera se cansaría de hacerlo, pero así suene cliché, el amor es la clave, el amor que siento por mi hija y el amor que ella me profesa son los que me dan fuerza para sobrellevar todo esto.

Todas las mamás cuando estamos en embarazo esperamos un hijo sano, nos imaginamos mil cosas, sus cumpleaños, el primer día de escuela, cuando vayan a la universidad, etc... Pero cuando la discapacidad llega a nuestra vida es como si fuéramos en un auto a toda velocidad y nos estrelláramos con la pared, todo cambia.

Ser madre de un niño en condición de discapacidad tiene sus días malos, días en que quieres salir corriendo y dejar todo botado porque sientes que no puedes más, días en que todo es cansancio, caos, frustración, Pero hay otros días en donde el orgullo no nos cabe en el pecho, la felicidad nos inunda, como madres especiales aprendemos a valorar cada pequeño avance que nuestros hijos y los celebramos con bombos y platillos, aprendemos a ser agradecidas con la vida.

No cambiaría nada de estos 8 años en los que he sido la mamá que Mariana, es duro, obvio, pero ella tiene poderes sobrenaturales, calma tormentas solo con sonreír, gracias a ella soy fuerte, compartimos como cierta energía, algo que nos mantiene juntas, Estar a su lado me llena de felicidad, ella me cambió y ahora soy la mamá que ella merece. Yo no le tengo miedo a la discapacidad, estoy segura, sin pensarlo dos veces, no cambiaría nada.

Si pueden vean este vídeo de Franco de Vita, escuchen la letra de la canción... Es perfecta para complementar lo que escribí.


Tomado del blog El Mundo De Nana Banana

jueves, 4 de febrero de 2016

El problema no son los niños, son los adultos



Por: @maternidadprime 

Por Facebook hay un imagen con una frase que creo que me cae como anillo al dedo: “yo era una mamá perfecta…hasta que me convertí en mamá.” ¡No puede haber verdad más verdadera!. Antes de ser mamá no entendía porque una madre era capaz de dejar siquiera que un niño diera signo de querer hacer una pataleta. No entendía por qué era tan difícil siemplemente mandar a callar a ese enano fastidioso de un chancletazo. ¡¡BENDITO CHANCLETAZO!! (nótese el sarcasmo). Me repetía una y otra vez que ese tipo de cosas jamás me pasaría a mí, por que yo SÍ les iba a dejar bien en claro quién mandaba, ¡no faltaba más, ¿yo dejarme mandar de un niño?

Hoy recuerdo y me río, pero también siento una profunda tristeza de lo que era. Yo no pensaba estás cosas porque así lo hubiese decidido, yo creía y profesaba estas cosas porque fue lo que en casa me enseñaron: el que no hace caso, lleva. Y aunque las veces que mi madrecita decidió descargar su frustración en mi fueron pocas, hasta hace poco las recordaba con amargura. No sólo los golpes me dolieron, también algunas palabras lo hicieron. Muchos le atribuirán a los golpes que recibieron en la infancia, el ser “una persona de bien”, pero siendo sincera, hoy ya no entiendo como un golpe te puede hacer mejor, peor aún viniendo de alguien que según te ama más que a nadie.

Creo que la gran mayoria de nosotros viene de hogares donde lo tradicional y lo común es creer que no hay nada mejor que un correazo, que corrige y que educa. Todos crecimos viendo como le pegaban a nuestro amigo, vecino, primo o incluso a uno mismo. Todos de algún modo aceptamos esto como parte de la tarea de ser padres. La mayoría hoy vemos el maltrato infantil como algo normal y NECESARIO, tanto que se burlan de aquellos que no lo ven así.

Cuando quedé en embarazo, entre tantas cosas que leí, llegué a todo esto de la crianza con apego. El amor por mi bebé en camino me hizo abrir la mente a nuevas cosas y entre más leí, más me sorprendia de lo errada que había estado, que las cosas se podían hacer de miles de formas y no solo como te aconsejaba la abuela, la vecina o el tendero.

Pero por más que leí, nadie me contó lo difícil que era desprenderse de todas estas “creencias” que cargas contigo en tu subconsciente. Cuando tu bebé deja de ser bebé y empieza a ganar “independencia” comienzan los enfretamiento por el poder. Como bien dice Rosa Jové en su libro Ni Rabietas ni Conflictos, las rabietas no son mas que una lucha de poder. El niño que quiere hacer algo pero el padre no se lo permite por el motivo que sea; el primero se bota al piso le hace tremendo berrinche porque el QUIERE hacerlo y el segundo “hace uso de su poder” y castiga, grita o golpea al niño. Una escena clásica que la gran mayoría hemos visto. Inconscientemente, nuestra mente relaciona estos episodios de frustración y rabia con experiencias de nuestra propia infancia y lo más “normal” es que reaccionemos tal cual como reaccionaron nuestros padres con nosotros. Yo las viví con mi primer hijo y sus rabietas me sacaban de casillas, al inicio trataba de poner en práctica lo leído (bajarme a su altura y hablarle), con paciencia lo hacia varias veces pero parecía no funcionar. No sabía qué pasaba si lo estaba haciendo tal cual decían en el libro. Mientras tanto la furia y la frustración por no poder controlar la situación y la decepción de que todo lo que había leído no me funcionaba me iba consumiendo y terminaba la escena “como debería ser”: un grito, un castigo o una nalgada; tal cual como lo había visto. Claro, esto para mi era más fácil porque jamás vi como se manejaba una situación de estas de manera respetuosa. Ni mis padres y mucho menos yo de niña, contábamos con herramientas para solucionar conflictos de manera respetuosa porque fuimos “víctimas” de métodos de crianza erróneos.

Por un tiempo me alejé mucho de la madre que quería ser. Pero llegó la luz y por cosas dela  vida esas personas se cruzaron en mi camino, personas que me ayudaron a saber porque muchos de nosotros consideramos los golpes y maltratos como lo normal en la crianza. Caí en cuenta que todo esto viene conmigo desde la infancia, que fui una niña que vio este tipo de violencia todo el tiempo y también veía que los adultos se burlaban de ello y lo normalizaban. Mis padres me gritaron, me castigaron y me pegaron porque mis abuelos lo hicieron con ellos, y estos a su vez fueron maltratados por sus padres; todos víctimas al fin y al cabo porque ningún padre quiere dañar a sus hijos. Un ciclo sin fin.

Sigo en constante cambio y mejora pero comparto mi experiencia porque quiero que sepan que sí existen otras maneras de educar sin tener que recurrir a los gritos ni golpes; para lograrlo debemos adquirir las herramientas necesarias que no son más que el autoconocimiento y el autocontrol de las emociones de cada uno. Tienes de dejar de ver a tu hijo como el “pequeño villano” y debes empezar a validar más tus emociones y tus reacciones cuando te diriges a él. Dejar de llevarle de la mano para caminar juntos de la mano. Un proceso en donde ambos aprenden.

¿Y qué resultado obtuve con esto? Bueno, reducción de las pataletas (MÍAS), el sigue haciendo una que otra pero juntos buscamos soluciones.

Mi hijo confía más en mí, antes me tenía miedo. Sabe que se equivoca y pide perdón cuando ha herido a alguien. Se siente seguro de quien es porque su familia, aunque a veces no está de acuerdo con sus actos, ama lo que él ES. Acepta con mayor facilidad un NO porque sabe que cuando mamá lo dice no lo hace “para que se acostumbre” sino que hay una razón para ello y él tiene derecho a conocerla.

Yo me equivoqué con mi hijo y le pedí perdón y lo haré cada vez que me equivoque. Hoy él entiende que es normal que nos equivoquemos pero que siempre debemos pedir perdón y resarcir el daño. Enseñar el valor del perdón mediante el ejemplo es la mejor manera de aprenderlo. Nunca es tarde para darle un vuelco a la crianza y empezar a criar personas respetuosas, empáticas y que saben gestionar sus emociones, de paso aprendemos nosotros a gestionarlas también.

Tomado del blog Maternidad Primeriza 

sábado, 30 de enero de 2016

Para los que acosan o rechazan a las mujeres que amamantan a sus bebés en público, vean esto

Los beneficios de la leche materna han sido largamente resaltados por todos los pediatras. Todo recién nacido debe ser alimentado cuando lo pide, al menos eso es lo primero que le dicen a una mamá lactante en el hospital. Y, evidentemente, un bebé puede tener hambre en cualquier momento: en un parada de autobús, en el tren, en un restaurante, en una biblioteca, en una sala de espera, etc. El tan natural gesto de amamantar un bebé en público sigue siendo a día de hoy, y sorprendentemente, motivo de acoso y rechazo por parte de ciertos individuos.

studiantes de arte de la University of North Texas crearon una serie de anuncios para un proyecto académico con el fin de mostrar la realidad de muchas madres que amamantan a sus bebés en baños estrechos y antihigiénicos. Los anuncios son parte de una campaña llamada “When Nurture Calls” y tienen como meta dar soporte al proyecto de ley HB 1706 en Texas (presentado originalmente en 2013 por la senadora de Texas Jessica Farrar) que protegería a las madres lactantes de acoso y discriminación. Este proyecto de ley expande las disposiciones actuales del estado para asegurar que las mujeres están legalmente protegidas contra el acoso cuando amamantan en lugares públicos. Desafortunadamente este proyecto de ley fue rechazado por la Legislatura del Estado de Texas .

Sin embargo, en enero de 2015, se espera que Farrar reintroduzca el proyecto de ley para su aprobación. El propósito de esta campaña es mantener el apoyo y el impulso para el próximo año. Aunque los autores de la campaña no tienen dinero para producir los anuncios, agradecen que se estén haciendo virales. “La misión de estos anuncios es conseguir que la gente discuta este tema tan importante que a menudo es pasado por alto”, indican sus autores.


Mesa para dos


Cena privada


Buen apetito

Tomado de Muhimu

miércoles, 20 de enero de 2016

Volví para quedarme…o eso espero.



Unos cuantos años pasaron desde que dejé este lindo hobbie de escribir sobre mi tema favorito. Creo que dejé de hacerlo cuando mi lactancia acabó: ese derroche de oxitocina era el combustible para teclear constantemente. Pero no solo acabó por eso, sino porque empecé a darme cuenta que esto de la crianza con apego no solo se trata de colechar, dar la teta y portear. Esto va más allá y necesitaba tiempo para asimilarlo porque me estaba enfretando a cosas que no sabía cómo manejar.

Luego de este tiempo fuera de línea, vuelvo porque tengo mucho por decirles y contarles. He descubierto nuevas cosas que deseo dejar plasmadas así como lo hice antes, desde mi embarazo. Antes de escribir esta entrada leí algunos post antiguos y tengo que confesar que me desconozco un poquitico; hay cosas que hoy ya no haría y que hice, y otras que tal vez modificaría un poco. Pensé en actualizar algunas entradas pero no, las dejaré así porque eso fue lo que fuí, y quiero que quede evidencia de esta “evolución” que he tenido gracias a la maternidad.

Pensé en cambiar el nombre del blog porque ya tengo dos hijos, pero tampoco: sigo siendo primeriza para muchas cosas. Y definitivamente, me relajé y dejé la primiparada con otras. Lo rico de tener un segundo hijo es poder hacer lo que con el primero no fuiste capaz. Un primer hijo te hace evolucionar, pero el segundo te hace revolucionar.

Esta segunda maternidad ha escarbado en lo mas profundo de  mi ser y me ha dejado tendida en el piso de dolor. Me he visto enfrentada a cosas que dormían en mí y no conocía. Ser mamá es como recibir un título de profesional y luego ir a hacer la carrera mientras estás en prácticas: qué vaina tan difícil. La maternidad me ha enfrentado a esa niña que fui, me metió el dedo en la llaga, me hizo recordar mi infancia porque solo así pude entender lo que hoy soy, y me ayuda a ser lo que quiero ser para mis hijos. La maternidad para mi está muy lejos de aprender a sacar los gases, a cambiar un pañal, a preparar papillas para bebés; eso es lo básico. El curso intensivo lo haces cuando sabes que todo lo que hoy hagas con y para tus hijos, tiene una repercusión a futuro. Las madres tenemos un poder muy grande: podemos edificar nuestro hogar o podemos destruirlo en su totalidad. Por ser dadoras de vida, por ser quienes gestamos y alimentamos (biológicamente hablando) siempre tendremos una responsabilidad mucho mayor en la crianza de nuestros hijos. No le quito mérito ni responsabilidad a los padres, su presencia no es importante sino NECESARIA.

Sin tanto bla bla bla, les hago un resumen de lo que hoy es mi maternidad.

Luego de que Juan dejara la teta y entrara a un jardín horrible (historia aquí) esperamos a que tuviera dos años y medio y volvimos a intentar en otro jardin y resultó. Un poco tiempo después, quedé en embarazo de mi segundo bebé: Camila.

Si Juanfe fue mi motor Camila es como el turbo de mi vida. Con ella me quité el miedo y le metí “la chancleta” a esta vaina, cogí las riendas de mi maternidad. Nació el 3 de Octubre de 2014, pesó 3.500 grs y midió 50cm. Lógicamente lactancia materna exclusiva hasta el sol de hoy (con un mes de mixta que luego les contaré el porqué en otra entrada). ¡¡Hacemos Baby Led Weaning!!, esto es un orgullo para mi porque con mi primer hijo no fui capaz, no me informé y nos tuvimos una muy buena experiencia (tema para otra entrada). Y porteamos desde casi su primer mes y seguimos hoy con 13 meses, 12kg y no sé cuántos centímetros.

Con Cami me “pulí” en el arte de amamantar y gracias a estas ganas locas de que toda madre logré establecer y disfrutar su lactancia, creé un Grupo de Apoyo a la Lactancia Materna que se llama Amamantar. Es mi tercer hijo :)

Y esto por contarles así por encima, porque las enseñanzas que me han dejado estos años, se las iré contando en otras entradas. Bueno, el caso es que estaré más seguido por acá, escribiré más sobre lo que sea que se me ocurra. Si quieren saber sobre algún tema en especial (mi experiencia) no duden en comentar allí abajo, yo con gusto trataré de escribir todo lo que les pueda ayudar.

PD: Lean mis entradas anteriores, no se sorprendar que diga cosas que hoy yo misma me he refutado, y aprendan conmigo de éste arte de criar que es la mejor escuela de la vida. 

jueves, 7 de enero de 2016

Mamá vs. Fibromialgia

Por: @punketa

Empecemos con algo básico: ¿qué es la fibromialgia? Es una condición crónica, por no llamarla enfermedad, con causa y cura no definitiva, en la que el cuerpo y en especial el cerebro maneja las sensaciones de dolor muy distintas a las de una persona en condiciones distintas. Por ejemplo, se presenta dolor muscular y articular pero ningún músculo está dañado, hay migraña, hay fatiga crónica, cuando hay dolor, por ejemplo el típico golpe del pie en la mesita de noche duele mucho más que si no se tiene fibromialgia.

Como no quiero aburrirlos con tanto tecnicismo, les comento que hace un año y tres meses fui diagnosticada con fibromialgia. Llevaba más de 4 meses quejándome del dolor de cabeza, picadas musculares y fatiga extrema. Como no sabía qué tenía en esos momentos solo pensaba que era una floja y que un poco de esfuerzo no podía caerme tan mal. Mi ritmo de vida empezó a decaer, en especial el tiempo con Eric. Hubo fines de semana que no salía de la casa por culpa de la fatiga y me daba tristeza no poder ir al parque con Eric o poder jugar a su lado como lo venía haciendo normalmente.

Ya diagnosticada y con medicamentos en mano, empecé a averiguar un poco más sobre esta enfermedad. Poco a poco me fui concientizando de mi condición y así pude saber cuál era mi alcance. Siempre me considere ser una mamá multitasking que adicional practicaba un deporte de contacto y que por lo general se le medía a todo con tal de tener todo cubierto.

La vida cambia cuando tu rol de madre, profesional, deportista, ama de casa y esposa cae por completo porque sencillamente tu energía muchas veces no alcanza ni a la mitad que solías hacer. Es frustrante y triste al principio. Una de las cosas que más mal me hacía sentir era el tiempo con Eric; llegar en la noche de trabajar agotada, no poder jugar ‘tanto’, no estar con los cinco sentidos me hizo sentirme muy deprimida.

                             

Por fortuna mi esposo empezó a involucrarse bastante en mi enfermedad y decidió apoyarme en todo lo que necesitaba. Si había que hacer deberes en la casa, el me dejaba hacer las más fáciles o las de más poco esfuerzo; muchas veces no me dejaba hacer nada. Otras veces me sobrepasaba aún sabiendo que iba a sentirme mal después pero era por la cuestión de sentirme útil. De las cosas que más le agradezco a él es la ayuda con mi Eric, porque él sencillamente se remanga para atender muchas de sus necesidades como comida, ropa, juguetes, me ayuda a cargarlo si se duerme o cosas similares que requieran esfuerzo físico.

Ustedes no se alcanzan a imaginar lo mucho que me ha cambiado, no solo física sino mentalmente. Eric, ya con casi seis años ha comprendido que no puedo hacer más y solo se arruncha conmigo a ver tv o me da un beso cuando duermo si estoy muy agotada. Mi esposo que me cuida y me protege todos los días. Ya no soy como antes, soy una nueva madre que no pretende dar el 110%, soy una madre que así haga el 50% de las cosas, las hace bien y con calma. Aprendí a que la casa puede limpiarse después, que podemos salir a comer si no tengo ganas de cocinar, que podemos ver tv toda una tarde sin remordimientos, que el parque lo disfruto cada minuto con Eric, que aprovecho cada instante con mi esposo. 

Soy una nueva madre, soy una nueva mujer. Cada día aprendo más de mi cuerpo y de mis capacidades. Como madre, me enfrento todos los dias a nuevos retos porque Eric sigue creciendo y sus necesidades cambian y debo acompañarlo a mi ritmo. Aprendí a no afanarme tanto aunque me cuesta pero sé que la voy logrando poco a poco. Lo que de verdad me importa es poder seguir siendo la mamá maravilla que Eric ve en mi y de seguro lo haré con el mayor de los gustos.

viernes, 5 de junio de 2015

Como hablarle a tu hijo sobre discapacidad



Como madre de una niña con parálisis cerebral quiero para mi hija un mundo donde la integración, la tolerancia y el respeto sean una realidad. La mejor manera de cambiar esta realidad es iniciar a nuestros hijos por este camino es hablarles de manera clara y sencilla sobre la discapacidad.

La actitud de los padres es fundamental para que los niños acepten a las personas en condición de discapacidad. Nosotros como padres somos su modelo de conducta, debemos relacionarnos con total naturalidad ante cualquier persona que presente algún tipo de discapacidad, ese tipo de comportamiento será su mejor referencia.

La aceptación hacia la discapacidad debe ser clara, no podemos contradecirnos, por ejemplo: Decimos que todo está bien, que se debe tratar a una persona en condición de discapacidad con respeto, pero nuestros gestos y acciones dicen otra cosa, desviamos la mirada o simplemente evitamos hablar del tema. En ese momento enviamos un mensaje confuso a nuestros hijos, he ahí la importancia de nuestra actitud.

Debemos tener cuidado con las palabras que usamos al referirnos a una persona con discapacidad. Es muy importante no usar términos hirientes como "mongólico, retrasado, idiota, retardado, lento, enfermito, incapacitado, inválido" entre otros. También referirse a los niños sin discapacidad como niños "normales" ya que eso implica que los otros niños no lo son.

Lo ideal es que le enseñemos a las nuestros que todas las personas somos iguales pero que tenemos características distintas, podemos tener muchas cosas en común, gustos, sueños, metas, sentimientos.
Debemos dejarles claro que las diferencias no son malas, sino que nos enriquecen, nos complementan y nos hacen únicos. Que el hecho de que algunos niños demoren mas en aprender a caminar, o tengan alguna dificultad para moverse, para relacionarse con otros, para escuchar o para ver, no significa que no puedan tener una vida plena o que no puedan disfrutar de las mismas cosas que los demás, como jugar, tener amigos, ir al colegio y sentirse amados.

El respeto hacia la diversidad es la aceptación real de la discapacidad. Los niños no deben sentir lastima por las personas en condición de discapacidad, sino respeto, valorar sus capacidades y logros.
Debemos explicarles a nuestros hijos que los niños en condición de discapacidad necesitan de algún tiempo adicional para conseguir ciertas metas, pero por otra parte pueden poseer habilidades que otros niños no tienen, así que eso los hace igual de valiosos a cualquier otra persona.

Lo ideal es responder de manera clara y sencilla las preguntas sobre discapacidad que nos puedan hacer nuestros hijos, pero hacerlo de una manera tranquila, por ejemplo: Si un peque nos pregunta por qué ese niño no camina o no habla, hacerlo de una manera simple, si muestra un poco mas de curiosidad se le debe aclarar que su condición no le impide ser feliz, que es un niño como cualquier otro, que juega, aprende, le gusta divertirse y tener amigos. Alguna vez escuché a una niña decirle a su mamá que la alejara de Mariana porque "se le iba a pegar" lo que ella tenía, algunos niños piensan que la discapacidad es contagiosa, hay que explicarles que eso no es así, que es algo que se da por diferentes motivos, pero que no se pasa de una persona a otra. 
Frases como "No lo mires" "No te acerques" cohiben al niño de relacionarse con cualquier pequeño en condición de discapacidad, puede llegar a pensar que la discapacidad es algo malo y de lo que se debería sentir vergüenza.

Espero que estos consejos les sirvan a la hora de explicarle a sus pequeños de que trata la discapacidad, si tienen alguna duda o pregunta no duden en contactarme a mi correo blogeloficiodesermama@gmail.com



jueves, 19 de marzo de 2015

Las renuncias de las madres

Imagina que eres una profesional altamente calificada. Imagina que tienes un trabajo que te apasiona. Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que soñabas. Imagina que sientes que eres respetada y valorada.

Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres. ¿Lo imaginas? Ahora imagina que te conviertes en madre. Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera porque puedes permitirte pagar la mejor persona del mundo para que cuide a tu bebé mientras tú no estás.


Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie. Imagina que estás en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.

Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que tú libremente escoges.

Imagina que pasan los días y las semanas y los meses, quizás los años y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que estás invirtiendo en algo que nadie más puede darles, feliz porque tu cabeza acostumbrada a analizarlo todo fría y objetivamente te dice que tú eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.

Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible porque tu parte emocional no se contenta con saber “los beneficios de criar a los hijos”.

Imagina que llevas años sin dormir seguido, sin mantener una conversación adulta sin interrupciones de “teta”, “pis”, “cógeme”, “no quiero”, “quiero”….

Imagina que ahora tu economía no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema público. Imagina que te das cuenta que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto. Imagina que te gustaría que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un : “yo me paso el día trabajando para que tú puedas quedarte en casa a jugar a las muñecas”.

Imagina que te critican por anti feminista, por “floja”, por “señorona”, por “hippie”, por fundamentalista…. Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madres no está bien visto en ningún sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la política, ni en la sociedad, ni en tu familia… ¿Lo imaginas?

Ahora imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo. Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.

Imagina que al oír la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el super, y que lo más parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida rápida con los niños.

Imagina que sueñas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonomía, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu “voz” que se ha diluido entre los llantos y demandas de los pequeños.

Imagina que lo piensas y decides que todavía no es el momento, que tus hijos son pequeños aún. ¿Puedes imaginar los sentimientos encontrados ? ¿Puedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera? Culpa por desear decir que sí a esa oferta Culpa por sentirse triste al decir que no Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra y lo has pagado pegando 4 gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres. Culpa porque al fin y al cabo es lo único que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo, y por todos.

Llevamos la carga más pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera. En época de campañas electorales nos frustra ver cómo nadie está interesado en nuestra situación. Hartas de ver que la única opción que se nos plantea es tener guarderías desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.

Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS. Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos. Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja,o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo. Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.

La próxima vez que te encuentres con una madre por favor no la critiques. No le digas lo que tiene que hacer o cómo. No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna, invítala igual. No caigas en obviedades y frases hechas. Sencillamente, dile: “Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro”

PD: Dedicado a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS



martes, 11 de marzo de 2014

Cada niño es único, cada mamá también


Venía en un Transmilenio (últimamente la mayor cantidad de anécdotas pasa en uno de estos) cuando vi salir de la nada una niña pequeñita; no tendría más de 4 años e iba tan feliz que gritaba entre risas y reía gritando mientras llevaba a su mamá prácticamente a rastras por entre la gente. Su espontaneidad hacia sonreír a quien la viese.
Inmediatamente pensé en Pipe, no recuerdo haberlo visto nunca tan expresivo. A sus casi 6 años jamás se ha dejado llevar por la euforia, ha vivido su infancia sin el menor asomo de sorpresa ante las cosas buenas. En una ocasión llegó del parque y encontró una bicicleta nueva en la sala con su nombre, mientras que su papá y yo mirábamos escondidos su reacción. Leyó el papel lentamente, sonrío mientras dijo con la mayor tranquilidad del caso: “mira abuelita, esta bicicleta es para mí”.
No estoy diciendo que sea un niño desagradecido, al contrario, cuando menos lo espero se me abalanza en una especie de abrazo sorpresivo y mientras me besa la mejilla me dice: “Mami, gracias por comprarle cordones a mis zapatos”. Extrañamente agradece las cosas más ínfimas mientras se mantiene impasible ante otras.
Él es más bien un niño tranquilo, sus profesoras dicen que a veces es inseguro y por más que he intentado seguir varias “pautas” de crianza, siempre termino hecha bolas, pensando en que quizás tanto estándar educativo no es aplicable para mí.

Hace unos días (precisamente en un Transmilenio… carachas) una muy linda mamá de una muy linda bebé me escuchaba expresarle, completamente avergonzada, mis miedos de estar haciéndolo todo mal. Y qué tal si… Es que la psicóloga dice… Y si soy mala por abandonarlo mientras trabajo… Qué pasaría si…  
Con la mayor naturalidad, ella me hizo entender que eso es parte esencial de lo que aceptamos como maternidad;  cuestionarnos desde que utilizan pañales, pensar y re-pensar nuestras acciones, preguntarnos cada noche al acostarnos, ¿y qué tal si?
¡Y qué alivio darnos cuenta! Por imperfecta que parezca nuestra manera de enseñar o de ser es completamente nuestra. Hay errores que nos dan forma, nos hacen quienes somos. 
Que si un niño tiene autoestima alta debemos estar vigilantes que no sea demasiada para que se vuelva egoísta y caprichoso; que hay que quererlo y darle un entorno seguro, pero si no quiere dormir solo en su cama debemos generar hábitos permitiendo que llore por ciertos lapsos de tiempo sin inmutarnos; que mientras los defensores de la crianza con apego insisten en que debemos suplir las necesidades de nuestros hijos con afecto, otros aseguran que los niños saben ser manipuladores y sus padres deben negar cualquier tipo de atención si el niño tiene un comportamiento no esperado…  Mi hermano diría algo como: ¿¡Whaaaat!?
Como si no tuviésemos suficientes cosas en la cabeza nos bombardean con mil opiniones expertas  para tener “mejores hijos”. En vez de dedicar los primeros años de Pipe a darle gusto a editoriales y medios, decidí que ante nada debía que tener claro era quien soy yo, cómo es mi familia (¿recuerdan a Barney y sus familias diferentes?) y qué espero del niño. 

Fue así que decidimos hacerlo a la antigüita: Aprendiendo cada día más, claro que sí,  pero basándonos en los valores que nos inculcaron los nuestros, corrigiendo los errores que tal vez cometieron y amando a nuestro chiquitín mucho, mucho, mucho.

jueves, 11 de julio de 2013

Modelo de mujer

Por: @Zavila 

Estos días he pensado mucho en el modelo de mujer que soy para mi hija. La veo crecer, y cada día que pasa es evidente que me observa con detenimiento y me imita en cosas aparentemente superficiales (como mi manera de hablar y de vestir, mi manía de decir gracias por todo y a todos), así como en cosas más de fondo (actitudes, reacciones, posturas frente a una u otra cosa). Y entonces, he comenzado a cuestionarme mucho. A pensarme más como mujer, no tanto como madre, esposa o hija. A observarme, simplemente como el ser que soy y a preguntarme por los mensajes tácitos que le trasmito, por mi amor propio y mi autoestima, por la visión que tengo de mi cuerpo y de la belleza, por el ser humano femenino que soy a diario, no racionalmente sino realmente. Tratando de verme sin juzgarme, buscando identificar, con claridad y sin excusas, mi lugar en este mundo, con el único fin de sentirme tranquila y cómoda, no para ser un modelo "perfecto" o " bueno" de mujer (no creo que eso realmente exista) sino para que a través del encuentro conmigo misma pueda llegar a estar más conectada y a ser más auténtica, más honesta y real, más humana e imperfecta. Ojalá algún día lo logre, por que se que este es el camino que me exige mi existencia y que le debo a mi hija.

Paseando por la blogósfera me topé con este post de Proyecto Alegría, que a propósito de este tema, reproducía una carta que Kasey Edwards escribió para su mamá. Me ha parecido clara, fuerte y reveladora, por eso la comparto aquí nuevamente, como una oportunidad de abrir los ojos y observarnos como seres humanos y como modelos de hombres y mujeres que somos para nuestros pequeños hijos.

“Querida mamá,
Cuando tenía 7 años descubrí que eras gorda, fea y horrible. Hasta ese momento había creído que eras preciosa – en todos los sentidos de la palabra. Me recuerdo ojeando viejos álbumes y mirando fotos tuyas sobre la cubierta de un barco. Llevabas puesto un bañador blanco sin tirantes que me parecía súper glamuroso,  parecías una estrella de cine. Cada vez que tenía oportunidad sacaba de tu último cajón ese maravilloso bañador blanco e imaginaba el día en que sería lo suficientemente mayor para llevarlo; el día en que me parecería a ti.
Pero todo eso cambió una noche en que, vestidas las dos para ir a una fiesta, me dijiste: “Mírate, tan delgada, tan guapa y tan preciosa. Y mírame a mi, gorda, fea y horrible.”
Al principio no entendía qué querías decir. “Tú no estás gorda” te dije con fervor e inocencia, “Sí, cariño, yo siempre he estado gorda, incluso cuando era niña”.
En los días que siguieron tuve algunas revelaciones dolorosas que han marcado toda mi vida. En los días que siguieron aprendí que:
1.  Efectivamente debías estar gorda porque las madres no mienten.
2.  La gordura es fea y horrible.
3.  Cuando creciera me iba a parecer a ti y por lo tanto yo también sería gorda, fea y horrible.
Años más tarde recordé esta conversación y todas las que le siguieron y te maldije por sentirte tan poco atractiva, por ser tan insegura y por considerarte tan poco valiosa. Porque, como mi primer y más importante modelo a seguir, me enseñaste a pensar lo mismo sobre mi persona.
Con cada mueca de disgusto que dedicabas a tu imagen en el espejo, con cada nueva dieta milagrosa que iba a cambiar tu vida, con cada cucharada culpable de “realmente-no-debería”, aprendía que las mujeres debían ser delgadas para ser validas y merecedoras. Las chicas tienen que privarse porque su mayor contribución al mundo es su belleza física.
Al igual que tú, he pasado mi vida sintiéndome gorda. ¿Pero cuándo se convirtió la gordura en un sentimiento? Y porque pensaba que estaba gorda, sabía que no era valida.
Pero ahora que soy más mayor y que yo también soy madre, sé que culparte por el odio que siento hacia mi cuerpo es inútil e injusto. Ahora puedo entender que tú también eres producto de un largo y nutrido linaje de mujeres a las que enseñaron a despreciarse a si mismas.
Fíjate en el ejemplo que la yaya sembró en ti. A pesar de poseer ese tipo de belleza y elegancia que solo puede considerarse como esquelética, estuvo a dieta todos y cada uno de los días de su vida hasta el día en que murió con 79 años. Solía maquillarse incluso para salir a coger las cartas del buzón por miedo a que alguien pudiera verla sin pintar.
Recuerdo su “compasiva” respuesta cuando le anunciaste que papá te había dejado por otra mujer. Su primer comentario fue “No puedo entender por qué te ha dejado. Te cuidas y te pintas los labios. Y es verdad que tienes sobrepeso, pero no tanto.”
Antes de irse, papá tampoco te proveyó de ningún bálsamo para calmar tu tormento sobre tu aspecto físico.
“Jesús, Jan” le oí decirte “No es tan difícil. Energía hacia dentro contra energía hacia afuera. Si quieres perder peso solo tienes que comer menos.”
Durante la cena de esa noche te vi poner en práctica la cura para perder peso de papá. “energía hacia dentro contra energía hacia afuera: Jesús, Jan, ¡come menos!”. Habías preparado chow mein para cenar y a todos nos serviste en platos llanos, a todos excepto a ti misma. Tu ración de Chow Mein la serviste en un platillo de café.
Mientras estabas sentada delante de esa patética ración de comida te resbalaban lágrimas silenciosas por las mejillas, y yo no te dije nada. Ni siquiera cuando tus sollozos aumentaron de intensidad y hacían que te temblaran los hombros. Nosotros nos comimos nuestra cena en silencio. Nadie te consoló. Nadie te dijo déjate de ridiculeces y sírvete una ración decente en un plato decente. Nadie te dijo que ya eras amada y merecedora de ese amor. Tus logros y tu valía – como profesora de niños con necesidades especiales y como dedicada madre de 3 hijos – palidecían hasta hacerse insignificantes comparados con los centímetros de cintura que no podías perder.
Me rompió el corazón ser testigo de tu desesperación y siento no haber corrido a defenderte. Ya había aprendido que el hecho de que estuvieses gorda era culpa tuya. Había incluso oído a papá decir que perder peso era un proceso “simple” y aún así tú no parecías ser capaz de entenderlo. La lección obtenida fue que no te merecías comer más y desde luego no te merecías ninguna simpatía.
Pero estaba equivocada, mamá. Ahora entiendo lo que significa crecer en una sociedad que dice a sus mujeres que la belleza es lo más importante mientras al mismo tiempo establece unos parámetros de belleza que están permanentemente fuera de su alcance. También conozco el dolor de haber interiorizado estos mensajes.  Nos hemos convertido en nuestros propios carceleros y nos infligimos nuestros propios castigos por no estar a la altura. Nadie es más cruel con nosotras que nosotras mismas.
Pero esta locura tiene que acabar, mamá. Termina contigo, termina conmigo, y termina ahora mismo. Nos merecemos más – mucho más que un montón de días arruinados por pensamientos negativos sobre nuestros cuerpos deseando que pudiesen ser de otra manera.
Porque ya no tiene que ver solo contigo y conmigo, ahora también tiene que ver con Violet. Tu nieta solo tiene 3 años y no quiero que el odio hacia su propio cuerpo eche raíces dentro de ella y estrangule sus posibilidades de ser feliz, su confianza en si misma y su potencial. No quiero que Violet piense que su belleza es su mayor virtud; que será la que defina su valía para el mundo. Cuando Violet nos mire para aprender cómo ser mujer, tenemos que ser los mejores modelos posibles. Tenemos que enseñarle con nuestras palabras y acciones que las mujeres somos suficientemente buenas tal y como somos. Y para que nos crea, tenemos que creérnoslo nosotras.
Cuanto más mayores nos hacemos más son las personas amadas que hemos perdido debido a accidentes o enfermedades. Sus muertes son siempre una tragedia y suceden demasiado pronto. A veces pienso en lo que estos amigos  – y las personas que les amaban – no darían por poder pasar un poco más de tiempo en un cuerpo sano. Un cuerpo que les permitiría vivir un poco más. El tamaño que tendrían los muslos de ese cuerpo o las arrugas que tendría esa cara, no tendrían ninguna importancia. Sería un cuerpo vivo y por lo tanto perfecto.
Tu cuerpo también es perfecto. Te permite conquistar a una habitación entera con solo una de tus sonrisas y contagiar a todo el mundo que haya en ella con tu risa. Te permite tener brazos con los que rodear a Violet y achucharla fuerte hasta que no puede parar de reír. Cada momento que pasamos preocupándonos por nuestros “defectos” físicos estamos malgastando una preciosa rebanada de vida que no podremos recuperar.
Honremos y respetemos nuestros cuerpos por todo lo que nos permiten hacer en vez de despreciarlos por su apariencia. Concentrémonos en vivir vidas saludables y activas, dejemos que el peso caiga donde tenga que caer y consignemos al pasado, que es donde pertenece, el odio hacia nuestros cuerpos.
Cuando hace todos esos años miraba esas fotos tuyas con el bañador blanco, mis ojos inocentes aún podían ver la verdad. Yo veía amor incondicional, belleza y sabiduría. Veía a mi madre.
Te quiero
Kasey”

martes, 31 de julio de 2012

Mi visión de la maternidad


Por @pilarsotomayor

Antes de empezar quiero que sepan que las respeto, que si se sienten atacadas les pido perdón. Que esta es mi ideal de crianza y no quiero imponerla.

Sí, el título abarca un tema general, la verdad es que no supe como llamarlo. 

¿Por qué?

La verdad es que metida en esto de las redes sociales voy conociendo sobre el método Estivill, sobre el colecho, la crianza con apego. No puedo decir que en mi familia somos ignorantes, al contrario, hay doctores, abogados, arquitectos, biólogos, entre distintos profesionales. Pero al menos en mi círculo íntimo siempre vimos lo de la crianza como "seguir el instinto materno" y que los doctores o especialistas se preocuparan de alguna enfermedad o que los bebés crecieran sanos y acordes a su edad. Para mí los términos "colecho" o "apego" los voy conociendo recién, el "método Estivill" que tanto crucifican sabía que existía (lo repudio) pero no sabía que tenía un nombre y los libros que tanto recomiendan jamás los he leído y jamás los leeré porque confío en mi madre, en mi abuela, en mi hermana, en mi pediatra. Ellas me ayudan y me aconsejan con respecto a mis hijas, sino son otras mamás. Creo que todas tenemos experiencias que compartir y que vamos aprendiendo con el paso de los años. Tampoco voy a tomar todos los consejos sino que lo que me parezca adecuado. A veces me da la idea que perdimos el rumbo acerca de la maternidad, no es criar niños perfectos para andar luciéndose y diciendo "miren, mi hijo se alimentó así, seguí esta guía y es el más maravilloso" sino niños saludables según nuestro parecer porque para todas las madres nuestros hijos son maravillosos.

Dije en un comentario de un post que mi madre me dejó dormir hasta muy grande en su cama y por lo mismo creo soy insegura al igual que mi hija mayor que aún duerme con su abuela. No estoy diciendo que el colecho sea el culpable de eso pero sí que a veces se crea una sobreprotección tal que el niño se acostumbra a estar bajo el ala de su madre y tiene problemas para enfrentar problemas sociales porque siempre dependió de sus padres para otras cosas. Pero eso no quita que dormir con los hijos sea genial.

Yo no practico "colecho", esos términos de especialistas los encuentro tan fríos y desapegados, yo duermo con mis hijas. Y no todo el tiempo lo hago y no porque tema que le pase algo sino porque tengo también una pareja que mantener y no descuidar y en la noche quiero dormir abrazada a él o hablar con él un rato (aunque hablemos casi a murmullos para que nuestra bebé no despierte). Pero sí nos ha pasado que mi hija de 9 años de repente tiene miedo a la oscuridad y ya, entra a la cama de los papás. O que la niña de casi 2 años despierta en la noche llorando (supongo con pesadillas) y ya, duerme con nosotros. No podría decirle "no, porque es un espacio íntimo para tus padres". Creo que hay momentos para todo, hay que saber cuándo es el momento de preocuparse de tu relación y de tus hijos, porque debes protegerlos cuando lloran, por algo estás ahí, por algo eres su padre o madre, tu deber al traer al mundo a esos pequeños es también cuidarlos, ayudarlos, educarlos, darles amor y confianza en ti y que siempre estarás cuando te necesitan. Si mis hijos lloran yo los pasaré a la cama, los abrazaré y seguramente nos dormiremos todos y despertaremos felices. 

Y no, no estoy siendo más mujer que mamá. La idea es ser mujer y mamá a la vez, que sea algo equilibrado, y no ser más una de las dos cosas.

Para terminar, he leído a muchas mujeres criticando a los doctores porque privilegian la lactancia de fórmula a la materna, porque prefieren cesárea a parto normal. ¿Han pensado que los mismos que critican son los que inventan estos términos de apego, colecho, entre otros? No es algo que una mamá dijo "vamos a definir esto así", un grupo de especialistas estuvo detrás del estudio que llevó a esa definición. Si hay que cambiar algo empiecen con exigir respeto en la atención pero no atacar a otras madres intentando cambiar la forma de pensar de ellas.

Mi humilde opinión

Por: @vivianvanessac


En los primeros 4 días de nacido mi bebe durmió junto a papá y mamá y fueron los días mas maravillosos del mundo no le paso nada [en esos días y hasta ahora los horarios no permiten tener un sueño profundo]

Dormía entre nosotros y fue maravilloso abrir los ojos y verlos justo al ladito mio era increíble.

Al 5to día decidimos pasarlo al corral porque necesitaba su espacio pero a veces lo pasaba para la cama después de las 5am y "continuabamos" durmiendo sin ningún problema hasta q decidimos no hacerlo mas y que se quedara en su corral donde hoy en día duerme toda la noche.

Cuando estuvo hospitalizado por 12 días dormí junto a el todos los días no me podía separar de el,  tenia mucho cuidado con su manita canalizada y listo.

Mi sueño se volvió muy liviano apenas manuel nació podría pasar las noches enteras observándolo sin cerrar los ojos y tenerlo cerquita de mi, no lo va a ser ni inseguro ni va a dejar de ser independiente.

En mi humilde opinión los domingos de arrunche entre los 3 en nuestra cama es lo máximo, una tarde de lluvia caleña que son bien escasas, arrunchada con manuelito durmiendo y abrazandonos no tiene precio.

Cada cual vive su maternidad como mejor le parezca solo les comparto mi experiencia y no practicamos el colecho todo el tiempo pero cuando lo hacemos lo disfrutamos al máximo sin pensar en las consecuencias al futuro lejanisimo.

Para todo hay tiempo y momento disfruten de sus bebes.

Abrazos a todas

lunes, 30 de julio de 2012

No siempre fue colecho


Por: @LinaCobain 

Desde que estaba embarazada mi mama me enseñó que Mariana debería dormir sola en su corral, y yo en mi cama, que así había hecho ella conmigo y con mi hermana y que todo había salido muy bien con nosotras, que los bebes no debían dormir con sus padres y punto. Hasta hace poco estuve convencida de que así debía ser y que eso era lo “correcto”.
Cuando la niña nació efectivamente dormía en su corral al ladito de mi cama, y yo como buena mama primípara me despertaba en la noche varias veces a tocarla para verificar que estuviera todo bien, si despertaba a comer no me acostaba con ella, me aterraba la idea de quedarme dormida y aplastarla, además compartía mi cama de soltera con su papa, así que en realidad no había espacio suficiente para todos. Mariana fue creciendo, empezó a dormir solita en una cuna grande, pocas veces despertaba a comer o a jugar y por aquello de que debía madrugar al trabajo la pasaba mi cama y la dejaba dormir conmigo para poder vigilarla. Empezó a dormir frecuentemente conmigo y no me pareció malo, por el contrario es bello despertar al lado de mi pequeña.
Un día, hace ya mas de un año, Marianita estaba enfermita y yo me pasé a su cuna para cuidarla, de repente sentí que se movía repetitivamente, una y otra vez, estaba convulsionando, lo que siguió no lo quiero recordar, fue el peor día de mi vida, a partir de ese día empezó el colecho.
Cuando Mariana regresó a casa luego de la hospitalización yo estaba (y aún estoy) traumatizada con eso de las convulsiones, yo no soy capaz de conciliar el sueño en otra cama lejos de ella y no darme cuenta si tiene una crisis convulsiva. Ahora tenemos una cama grande para las dos, duermo con ella todos los días, así me aseguro de estar ahí a su lado si me necesita, ella sabe que su mami esta ahí cuidándola, y así las dos dormimos tranquilas.
El psiquiatra infantil que ve a Mariana puso en el reporte de la consulta que había un caso de  “Colecho crónico”, con lo cual no estoy de acuerdo. Entiendo que ya la niña tiene mas de 4 años, que debería dormir sola y ser mas independiente, pero pónganse en mis zapatos, ustedes dormirían tranquilamente sabiendo que su hijo/a puede convulsionar en cualquier momento y que por estar durmiendo placida y profundamente no se dieron cuenta de la crisis, y que por eso algo grave pudo pasar?. Mi caso ya es otro rollo, Mariana debería dormir sola y yo lo sé, pero bajo estar circunstancias seguiremos durmiendo juntas hasta que se pueda.
Cuando los bebes están recién nacidos cada mama debe acomodarse a la situación como le parezca, dependiendo de sus posibilidades y de su entorno, cada familia es libre de decidir si se practica o no el colecho y para ello hay un mundo de posibilidades (Cojines, almohadas, sidecar beds etc). Creo de igual forma que un niño que duerme con sus padres con alguna frecuencia es por que necesita la seguridad y el cariño que solo su familia puede brindarle y eso no lo va a hacer menos independiente o incapaz, aún así no soy partidaria del colecho crónico que llaman, considero que un niño de más de 5-6 años debe dormir en su cama, los padres necesitan privacidad e intimidad y ellos independencia.
En los próximos días escribiré un nuevo post sobre ese tema con los aportes y opiniones de varios psicólogos y especialistas en el tema para que podamos sacar nuestras propias conclusiones.

viernes, 27 de julio de 2012

Arrunchaditos


Por: @Punketa

Al principio no me gustaba la idea de dormir con mi hijo recién nacido, es más no comparto del todo la idea del colecho. Siempre tuve presente que el espacio de cada uno se respeta y que mientras él pueda dormir en su cama o cuna. Apenas Eric llegó a la casa durmió en su cuna, con su colchón reclinado para el reflujo, sus cobijas y su almohada. Yo muy tranquila dormía en mi cama, que de por si era una cama sencilla entonces por cuestión de espacio tampoco había mucha oportunidad.

Mi espacio era vital, puesto que los dolores e incomodidades propios de los últimos meses del embarazo son horribles y lo que más quería era dormir un poco más tranquila. Sólo una vez, Eric lo dormí en mi pecho y la verdad me dormí también con él, por lo que mi cuerpo empezó a inclinarse. Me di cuenta a tiempo que me había reclinado e inmediatamente lo pasé a su cuna. Eso muy un momento muy maluco porque lo que menos quería era que Eric lo lastimara por mi culpa.

Como dormíamos en la misma habitación, su cuna siempre estaba al lado de mi cama por lo que me permitía estar atenta a cualquier llanto o incomodidad que pudiera tener. Los momentos en que Eric dormía en mi cama eran para sus siestas o simplemente para arruncharnos a ver una película.

Hace poco hice la inversión de una cama más grande por lo que la cuna ya no tenía espacio y empecé a dormir con él. Eric es un niño que se mueve mucho y puede amanecer del lado contrario del que se le acostó entonces el cambio para mí fue grande, no solo porque compartíamos la misma cama sino por la cantidad de movimiento que hasta una vez se sentó dormido y cayó nuevamente encima de mi cara. El susto fue enorme y menos mal no pasó a mayores.

Y es que todo no es malo al dormir con él, al contrario hay muchos pros que les voy a compartir:

-Para dormir siempre se me arruncha y quiere que lo abrace. Eso no se cambia por nada en el mundo. Viendo televisión o simplemente con la luz apagada, arruncharse con él es un sentimiento único.

-Si aún no puede conciliar el sueño, empieza con su mano a sentir a ver si estoy en algún lado de la cama y lo que hace es volverse a arrunchar. Hermoso.

-Al levantarse lo que hace es empezar a decir: mami, mami, mami repetidas veces hasta que abra los ojos o si no empieza a jugar caballito conmigo. Eso si no tiene palabras, me encanta aunque me quite el sueño inmediatamente.

Ahora ya que tiene una cama propia, algunas veces quiere dormirse conmigo y en otras ocasiones simplemente duerme en su cama sin rechistar. Yo no más dejo que siga experimentando en su nuevo espacio hasta que las cosas sigan su curso normal

No puedo decir que el colecho sea malo ni bueno, sólo que he podido experimentar de ambas situaciones. Así mismo como mis papás me enseñaron a dormir y hasta tender mi cama desde muy pequeña, espero que Eric también sienta esa pertenencia con sus cosas y tenga responsabilidades de acuerdo a esto.

Amo dormir arrunchado a mi hijo, pero es cierto que como mujer también necesito mi espacio sea sola o acompañada para poder descansar como es debido.