martes, 29 de noviembre de 2011

Verde familia

Por: @tangersoto

En medio de su gran esquema de disciplina, para mi madre fue imposible dejarnos sin herramientas para soñar. Mis hermanas y yo estamos llenas de recuerdos maravillosos que todos los días nos acompañan, pues, una mujer, práctica como ella, sabía la utilidad que tendría para nosotras crecer en un entorno lleno de posibilidades para rasparse las rodillas.

Ella creció en el campo, todas las historias de su niñez tienen que ver con árboles, quebradas con nombres de muertos, víboras molá y una serie de referencias al “Tolima grande” imposibles de olvidar. Nos enseñó a cuidar la naturaleza, a no malgastar el agua, a reciclar y a respetar la libertad de los animales. Nos hacía pasar largos minutos mirando el cielo "a esto jugaba yo en mi casa, «mijitas»: yo no tenía los juguetes que tienen ustedes, a veces sólo tenía las nubes" yo la miraba como me mira mi hijo y pensaba "mi mamá tiene algo mal en la cabeza". Sí, afortunadamente, algo muy mal en la cabeza.

Las fotos de mi infancia están llenas de imágenes como "el parque y yo", "la plaza y yo",  "el parque y mi disfraz de palmera semidesnuda", no tengo fotos que muestren la casa donde crecí, creo permanecía en la calle. Mi primer recuerdo de juego con otros niños es jugando a pegarle a cucarrones con bates de beisbol, cabe anotar que yo no les pegaba, siempre he sido una cobarde, organizaba los equipos y ayudaba a definir el ganador.

En todos los lugares donde vivimos teníamos parque frente de la casa, o piscina, o un lugar que nos permitiera jugar hasta llegar raspadas y tostadas por el sol. Estoy llena de cicatrices que me recuerdan tiempos, amigos y lugares felices. En los días más difíciles de mi vida lo único que he atinado a hacer es ir al campo, el verde da tranquilidad.

Uno de mis primeros pasos en la adultez fue buscar una casa para Isaac y yo, el único consejo que me dio mi mamá fue: "no vaya a encerrar al niño, tiene que buscar un lugar frente a un parque" y así fue, vivo en un lugar lejos de todo, hasta de mis deseos como adulta posmoderna, pero tiene un parque gigante al frente, donde Isaac ha jugado hasta quedar tostado, dónde se calló de un pasamanos y aprendió que los dientes de león no se parecen a los leones.

Extraño a Isaac cuando va a la finca de los abuelos, quisiera que se quedará en la casa conmigo, pero sé que ser revolcado por una vaca, aprender a recoger moras, y hacer castillos de arena, lo harán un hombre fuerte. 

Cuando vuelve del parque o de la finca, llega con sus uñas negras, los jeans rotos, los crespos como una choza, pero feliz, lleno de heridas, pero sobre todo, de historias que luego le contará a sus hijos, como mi mamá me contó las de ella.

Isaac le tiene miedo a mi abuela, tiene 92 años y no es fácil para él entender porque está tan arrugada. Ayer le conté que la abuela se escapó de la casa, y la encontraron sentada en un parque, "me enloquezco si no salgo, entiendan que necesito el campo", mi hijo se quedó mirándome y me dijo "ma: y ¿por qué no le dice a la mamá que la saque?, yo también me hubiera escapado".

La infancia en mi familia es una época muy importante, que todos recordamos con nostalgia, una dicha perdida, que tenemos la oportunidad de revivir a través de nuestros hijos. Es el mismo recuerdo que mi mamá compartió con nosotras, la misma alegría que hace que mi abuela se escape de la casa a buscar verdes perdidos.

3 comentarios:

  1. Tuviste una excelente y feliz infancia, ¿para qué otro tipo de juguetes? Yo tuve las típicas muñecas y mil y mil peluches, pero mi juego favorito era ir al jardín de la casa (Que era enorme) y cantarle a las flores (eran mi público), cazar cucarrones y los que encontraba muertos los enterraba (con cruz y todo). Nada como la naturaleza para desarrollar a un ser humano feliz y seguro de sí mismo. Felicitaciones por dejar que tu hijo aprenda tanto para su futuro en un parque o en la finca.

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  2. Gracias por las felicitaciones :) quisiera que muchas mamás trataran de llevar a sus chiquis al parque, a ver verde, eso crea muchos recuerdos felices como el tuyo.
    Venimos de la tierra, claro que nos gusta!!!

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  3. Me sentí plenamente identificada con tu blog, siempre he pensado q tuve la mejor de las infancias, pude jugar en la calle, estar cerca a un parque y al campo, bañarme y jugar en la lluvia, rasparme las rodillas, montar a caballo, en burro, y recuerdos casi q infinitos de tantas experiencias maravillosas. Por eso renuncié a mi trabajo en Bogotá, y decidí irme a vivir a una ciudad intermedia, para q mi hijo pudiera tener al menos parte de todo eso q tuve.

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