viernes, 15 de noviembre de 2013

Con tu amor, yo soy feliz


Antes de ser mamá, tenía muy claro que mi felicidad no dependía de nadie más, que el “amor” de otra persona, evidentemente no iba a hacerme feliz.
Cuando llegaste a mi vida supe que mi felicidad dependía de ti, que tú eres mi felicidad.
Ese olor dulce de tu piel, que aún llevo prendido en mi nariz me hizo llorar de emoción pura, al recordarlo, vuelvo a sentir la misma emoción y las lágrimas salen con la misma fuerza que en ese momento.
Cada pequeña cosa que aprendes, con cada pequeño detalle que me sorprendes cada día me llena de orgullo y felicidad porque me doy cuenta de que mis esfuerzos dan frutos. Mi mayor satisfacción es ver tu carita sonriente y un:  “Mami, yo te amo”.
Estás creciendo muy rápido, quisiera que te quedaras así para poder protegerte, cuidarte y tenerte a mi lado siempre, pero claro, es inevitable y absurdo pensar en eso, pues sé que con cada una de las metas que alcances me sentiré más feliz y orgullosa de ti.
¿Cómo no decir que tú eres mi felicidad? Es imposible, con apenas 4 años eres muy sabio, sabes cuándo es preciso dar un abrazo y un beso, cuándo esperar en silencio a la caricia de mamá, sabes diferenciar las lágrimas de tristeza de las lágrimas de felicidad, esas que tú y sólo tú me robas a diario.
Para mi cumpleaños, siempre me das el mejor regalo. Verte disfrazado de rey, cuando apenas tenías 4 meses, me dio una alegría inmensa; tus ojos grandes y negros ávidos por descubrir y explorar, miraban alrededor los disfraces y colores del Halloween. Un año después, vestido de perrito granjero y, dando tus primeros pasos, caminaste mucho y llenaste tu primera calabaza, no cantabas, yo canté por ti. No tuve pena, estaba orgullosa por tenerte de mi mano. Después fuiste un ratón, yo fui mamá ratona, nuevamente, juntos caminamos. El año pasado, rugiste como un león. Este año, ya no pude ponerte el disfraz que  yo quería, ya eres un niño grande, perfilas tus gustos y debo respetarlos, fuiste el Capitán América. La sonrisa que se dibujó en tu linda carita cuando tuviste tu disfraz, no se compara con nada.

Tal vez este ha sido el mejor de todos los cumpleaños que he pasado a tu lado, sentí cosas inexplicables en el pecho, tanto así, que sentía que se me iba a explotar el corazón. Escucharte cantar por primera vez pidiendo dulces, mientras ibas de mi mano, ese fue el mejor regalo que he recibido en mis 27 años, 5 de ellos a tu lado y sin lugar a dudas, los más bellos, los más llenos de sentimiento, LOS MÁS FELICES.

Hijo, te amo como a nadie podré amar jamás. También quiero darte besos y abrazos que nunca se acaben, esos que cada mañana cuando recién te baño me pides. Sólo te quiero pedir algo, algo que te pido cada día, JAMÁS sueltes mi mano, ten la certeza de que jamás te soltaré, nunca te dejaré solo, pues sería la persona más infeliz del mundo.

1 comentario:

  1. Está bello el post, es un espejo para todas, porque ese amor que sentimos por los piojos es inmenso

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